Cartas presidenciales II: la “limpia”

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Cartas presidenciales II: la “limpia”

Cartas presidenciales II: la “limpia”

El capital político que Ud. ganó al denunciar y, por lo menos en la forma, romper con su antecesor, lo ha malgastado. Ud. es experto en el arte de la ambigüedad: sonriente, amable, simpático y socialmente apto. Pero, ¿dónde están los resultados positivos y duraderos? No los habrá si no asume el liderazgo que las circunstancias demandan, hace una “limpia” y se deshace de los quintacolumnistas que siguen mandando desde su gobierno.

El escape de Fernando Alvarado no es el producto de la casualidad. O bien no hubo acuerdos con él, o, como se especula, él supo vender su silencio a cambio de la libertad. En cualquiera de los dos escenarios Ud. es responsable y él le “hizo una yuca” memorable usando la ironía para mostrarle su desprecio. No hay que descartar la posibilidad de que cualquiera de sus colegas del SSXXI, fueren Maduro o Morales, hayan metido la mano en el gran escape y hoy estén con ataque de risa. El problema, por lo demás, no para ahí. Otros gobiernos en la región lo consideran a Ud. un personaje caleidoscópico que desea aparecer como liberal mientras conserva sus querencias innegables con la ideología que tanto daño le hizo a la región. Preside Ud. sobre un gobierno que, cual Jano, tiene dos caras que miran en direcciones opuestas. Está convencido de que la izquierda debe manejar lo social mientras se resigna a aceptar que la derecha maneje lo económico. Es una combinación que no funciona y para muestra está el desempeño de su propio gobierno, marcado por el desempleo, el estancamiento económico, la disfuncionalidad tributaria y el precipitado deterioro político que hoy le caracteriza.

Alvarado no estaba dispuesto a pasar sus días en la cárcel y para ello, como Assange, chantajeó con revelar secretos y escandalizar. El fulano cuenta además con inmensos recursos cuyo origen es la razón de las once acciones contra él emprendidas; tiene también a su servicio la telaraña de agentes proto-correístas que constituyen el grueso de su administración. Se da Ud. cuenta tardía de que el servicio “911” es un nido de corruptos; que su mal llamado sistema de inteligencia (nada inteligente) está al servicio de gente que quiere poner su cabeza en una pica; que la policía es inoperante en los temas de fondo, los fiscales son laxos y posibles cómplices, y las cortes paquidérmicas solo funcionan al apuro a punta de látigo, como en tiempos de Correa. Respecto de sus ministros, que por pundonor deben renunciar sin ser premiados con embajadas, le recomiendo que no los exponga a que hagan el ridículo en ruedas de prensa en las que, a manera de los tres monitos, aparentan no saber nada, no haber oído nada y quedan enmudecidos ante una ciudadanía indignada. Son adeptos a echarse la pelotita.

Su gobierno monotemático enfiló la proa contra su predecesor. Supo interpretar la indignación ciudadana por el asalto del que fuimos víctimas cuando las pillerías de sus antiguos aliados en actos que permanecen impunes hasta hoy nos costaron el equivalente a dos presupuestos. Cada día que pasa su narrativa de culpa pretérita suena más hueca. Mejor será que rectifique, haga la limpia, y se deshaga de gente con quienes, le auguro, no llegará ni a la esquina.