Carta presidencial

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Carta presidencial

No he tenido oportunidad de conocerlo, aun cuando alguna vez hayamos coincidido en un evento en Guayaquil siendo Ud. vicepresidente de quien tardíamente se dio cuenta que era un truhan. Tenemos en común el gusto por la lectura de la mecánica cuántica, y me enfado cuando hacen mofa de Ud. porque habla de la “sopa cuántica” y del comportamiento incomprensible y contraintuitivo de los electrones.

Pero, establecida esa concordancia, me temo que no comparto su visión de gobierno.

No obstante haberse convertido en la Némesis de su predecesor, y deberle a ello su popularidad inicial, Ud. está sentimentalmente atado al SSXXI y a los actores que representan ese movimiento ruinoso que asaltó al país, empezando por su vicepresidente, mujer emocionalmente chavista. Esa identidad constituye un problema cuántico pues Ud. y su gobierno “son y no son” al mismo tiempo: se pronuncia contra la corrupción, pero no se ha recuperado un solo centavo de los miles de millones robados por la RC; promulga leyes ambiguas de fomento a la producción, y presume de haber resuelto el problema económico; propone que la contratación pública sea transparente, y cae en la trampa de anunciar un proyecto de “tren playero” que es el sueño de los que, dentro o fuera de su gobierno, nos quieren vender la idea de que el desarrollo es una vitrina de baratijas, y cabildeo por las comisiones.

Ud. no recibió ninguna mesa servida sino más bien una bomba de tiempo, pero lo único que ha logrado es extender la mecha. No se requiere ser matemático para entender que si el presupuesto de gastos es de $35.000 millones y los ingresos son $25.000 millones, tenemos un déficit de $10.000 millones. Al revocar el decreto de su predecesor ha aceptado el tamaño de la deuda pública que nos agobia, pero aún carece de un programa económico. Ensalzó y ubicó a su ministra de Relaciones Exteriores en las Naciones Unidas, premiándola por haber vendido la bandera con Assange, arruinando nuestra reputación de República digna, que otrora lo fuera. El desempleo y una economía paralizada son la marca de su gobierno, pero Ud. tiene un corifeo de necios que le hacen creer que, a la manera del profesor Panglós (y Ud., hombre ilustrado, sabe quién es el profesor Panglós), “vivimos el mejor momento posible, en el mejor de todos los mundos posibles”. Seguimos pensando en matrices chuecas de producción mientras el sector más importante, el primario, que nos da de comer, alimenta la chequera y compite con el resto del mundo sin subsidio alguno, es ignorado en el diseño de la política pública.

El descenso en su popularidad debe inquietarle pues, así como su triunfo es la derrota de Correa, su derrota es el triunfo de él. No soy de los que creen que la voz del pueblo tiene rasgos de divinidad, pero sí creo que el político debe preocuparse por saber conjugar las percepciones del momento con las visiones del largo plazo, y Ud. y su gobierno lamentablemente carecen de brújula, y muestran signos tempranos de cansancio. Ejercer el poder demanda fuerza intelectual y de carácter, y ha llegado la hora de ejercer el liderazgo, o de iniciar la muerte cruzada.

Como persona le deseo lo mejor. Como ciudadano me siento defraudado.