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Carrera contra el tiempo

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El Gobierno, que por muchos años renunció a tener una política de comercio internacional, decidió cambiar de rumbo -aun cuando fuere en forma vacilante.

El Ecuador fue originalmente parte, junto con Colombia y Perú, de las negociaciones con la Unión Europea (UE), hasta que las abandonó. Los vecinos siguieron su rumbo y ya tienen asegurados los flujos comerciales con el bloque de 27 naciones.

El Gobierno ha mostrado clara inclinación por las preferencias arancelarias. Estas son dádivas políticas otorgadas unilateralmente por el país grande (Estados Unidos, o la UE en este caso) y como tal tienen la fragilidad de los compromisos políticos. Las preferencias europeas tienen un límite en el tiempo que se da el 31 de diciembre, a escasos 114 días, hasta que fenezcan definitivamente. A partir de ese momento volverán a imperar las barreras arancelarias proteccionistas y Ecuador quedará, como ya ha ocurrido en otras circunstancias, automarginado, de las tendencias mundiales de integración y libre comercio, y, literalmente, sin acceso al mercado.

Fue el propio Gobierno el que se encargó de retrasar el proceso de negociación una vez reiniciada la discusión sobre los temas pendientes (v.g. la propiedad intelectual). La erección de las salvaguardas arancelarias, cuyo efecto más evidente ha sido el de hacer más profunda la recesión económica al asestarle un golpe de gracia al comercio, ha constituido la más grande traba al proceso. Colombia y Perú se tomaron varios meses antes de dar su beneplácito, requerido, para que continúen las negociaciones del Ecuador.

Es fácil colegir que, no obstante tener que correr una carrera contrarreloj, se perdió tiempo precioso que hoy ya no hay.

Hay que preguntarse si el tema es falta de previsión o ausencia de política. La respuesta corta es: ambas. Desconociendo la historia, la ideología socialista del siglo XXI cuestiona el libre comercio como un instrumento de colonialización, y los tratados como los instrumentos de dominación.

Aun cuando los tratados de libre comercio tienen componentes innecesarios de administración, el ser parte de la comunidad internacional es siempre una mejor circunstancia que la utopía autárquica o que las uniones frágiles e infelices que se dan por concordancia ideológica de momentos.

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