Actualidad
Sin cantar en la ducha
Nada como cantar en la ducha, a la “manera” de Sinatra o “despacito”... Tal vez a futuro este placer llegue a ser un lujo. Si seguimos gastando agua como lo hacemos, podríamos terminar obedeciendo a Hugo Chávez: bañándonos en 3 minutos.
El cambio climático, el crecimiento poblacional, los hábitos y ¡la corrupción! están volviendo más escasa el agua dulce, que es solo el 3% de toda la que hay. De ella, menos de 1% es accesible.
Las restricciones en su uso ya han comenzado, alertándonos sobre lo que podría suceder en relativamente poco tiempo. Ocurrió en Ciudad del Cabo -África-, que a inicios del año pasado estuvo a punto de quedarse sin agua. Se llamó Día Cero a aquel en el que no saldría ni una gota al abrir la llave. El desastre se evitó solo porque se tomaron medidas extremas que aterraron a la gente. El consumo diario por persona se fijó en 50 litros, y podía bajar a 25 si las reservas de agua descendían a niveles ínfimos (en Ecuador consumimos más de 230 litros al día).
¿En verdad entendemos qué significa vivir con 25 litros diarios? Eso equivale a 5,5 galones -como los que venden en el supermercado- con los que tendríamos que hacer todo: bañarnos, lavarnos los dientes, la ropa, cocinar, trapear... Un inodoro moderno consume 4,8 litros por cada descarga -uno antiguo hasta 18- y una ducha de 2 minutos, 20. En el mejor de los casos, con un baño, una cepillada de dientes y una descarga excederemos la ración diaria. Ni pensar en lavar el carro o regar las plantas. ¿Y cocinar? En Ciudad del Cabo las multas por superar el tope de consumo fueron de $ 800. Muchos dejaron de lavarse el pelo y empezaron a orear la ropa para postergar su lavado, a bañarse con baldes, a reutilizar el agua y a limitar las descargas del inodoro a una diaria. Durán conoce bien esta historia.
Si la escasez se diese por agotamiento de los depósitos acuíferos mundiales o por contaminación, ya sería un tema irreversible de supervivencia, sobre todo para los más pobres. Desalinizar es costoso. Pero reaccionamos cuando llegamos al límite. Es un comportamiento global.