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A camuflarse por el miedo a Trump

A camuflarse por el miedo a Trump

Están bajo la tensión del miedo, pensando en cómo mimetizarse en el país más poderoso del mundo, Estados Unidos, donde se calcula que hay once millones de migrantes irregulares.

Los ecuatorianos indocumentados -un estimado de 200.000- preparan sus camuflajes para enfrentarse a la realidad que imponga el gobierno de Donald Trump, el magnate inmobiliario que ganó las elecciones y que asumirá el poder en enero próximo.

El miedo a que Trump cumpla su promesa de campaña, de deportaciones masivas de indocumentados en los primeros cien días de su mandato, mantiene nervioso a Xavier Hernández, quien vive en el distrito de Queens, en la ciudad de Nueva York, el de mayor concentración de migrantes ecuatorianos en ese país. Trabaja en un pequeño negocio y, por tanto, está tratando en los últimos días de estar preparado por si llega lo peor.

En los once años que lleva en la Gran Manzana, a donde llegó a través de la frontera con México procedente desde Guayaquil, ha aprendido a vestirse siempre como si fuese un turista. Es la forma que encontró para mimetizarse en cualquier lugar. A partir del próximo año, con algunos compatriotas también indocumentados, han definido una estrategia para cuidarse unos a otros. La intención es tratar de evitar, al máximo, estar cerca de lugares que puedan ser objeto de redadas como parques y otros sitios donde las colonias acostumbran a reunirse los fines de semana.

Pero también hay personas que prefieren tener todo preparado, por si tienen que abandonar los lugares donde residen o trabajan.

“Un migrante ilegal siempre debe estar preparado para salir corriendo en cualquier momento”, dice un migrante de 50 años, oriundo de La Troncal (Cañar), que pide que solo se lo identifique como Ernesto. Para él, cualquier señal de que es un migrante ilegal puede ponerlo de vuelta en Ecuador.

Clara Herrera y Nora Portilla, ecuatorianas que integran un grupo de migrantes de Texas, cuentan que “todo el mundo está nervioso” porque no solo temen que existan expulsiones de irregulares, sino a una reforma migratoria que cambie las normas existentes.

Herrera, quien vive en Houston, dice que lo bueno de todo esto es que ha hecho que los indocumentados tomen medidas, como las de ponerse al día en los pagos vencidos, como el de los seguros de sus vehículos, y acelerar el aprendizaje del idioma. “Todo tiene su lado bueno”, añade Portilla.

No hablar, durante los traslados en bus o tren e incluido fingir no conocer a su acompañante, es otras de las estrategias que muchos han usado por años para camuflar sus orígenes ecuatorianos, mientras usan los transportes públicos o están cerca de la policía.

Andrea Ledesma, fundadora de 1800migrantes, que ayuda a los compatriotas en ese país, cuenta que la preocupación también alcanza a los ecuatorianos legales que temen que, con el gobierno de Trump, ya no puedan registrar como estadounidenses a sus hijos nacidos allá.

Otro temor, aunque menor, es que sean deportados los menores de edad que llegan ilegalmente a Estados Unidos, aunque sus padres están regularizados. En la actualidad, dice, los menores son entregados a sus padres, aunque hayan ingresado irregularmente. Lo único que tienen que hacer es mostrar un aval de una persona americana de que se hará cargo de su bienestar y sus gastos.

Aunque el gobierno de Obama no anunció deportaciones masivas como Trump, durante los últimos cuatro años ha ejecutado 2’662.483 deportaciones a diversos países del mundo, entre ellos unos cinco mil indocumentados ecuatorianos.

Un promedio de 1.200 por año, han dicho las autoridades ecuatorianas, que los reciben cuando llegan los aviones.

“Conozco que hay gente que tiene todo listo para retornar a sus países de origen si comienzan las redadas, porque es mejor salir por voluntad propia que ser deportados”, dice Álex Luzardo, un ecuatoriano nacionalizado estadounidense que vive más de 30 años en ese país, al que llegó cuando todavía era un adolescente.

Dentro del miedo, dice, también hay esperanzas en la población latina, de que la amenaza del presidente electo solo sea la deportación masiva de los tres millones de migrantes que tienen récord policial y que poblan las cárceles norteamericanas.

Luzardo, un simpatizante del partido Demócrata, espera que las amenazas de deportaciones masivas solo hayan sido una estrategia de campaña.