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Campaña sucia marca Alvarado

Rafael Correa entró de lleno a la campaña difamatoria.  Subió un video que recuerda el estilo visual de su gobierno.  Pocas horas después, se arrepintió.

Video de campaña de Andrés Arauz
Video. En la fantasía correísta, Guillermo Lasso se para atrás de los cajeros del banco y les dice cuánto cobrar por comisiones, descuentos e intereses.EXPRESO

Cualquier figura pública con el kilometraje en redes sociales de un Rafael Correa sabe bien que hay una cosa que no se hace nunca: eliminar un tuit ya publicado. A la avalancha de burlas, suspicacias y reacciones negativas que esto ocasiona, hay que sumar la posibilidad (casi una certeza, en el caso de Correa) de que la captura del tuit indeseado termine por viralizarse. De modo que no es una decisión fácil. Antes de eliminar un tuit hay que sopesar cuidadosamente los pros y los contras y llegar a la meditada conclusión de que resulta más pernicioso dejarlo que borrarlo. En fin: tiene que ser algo muy grueso. Eso es lo que acaba de ocurrir con el expresidente y el último video de su campaña sucia. Lo publicó el lunes a las cinco y media de la tarde y lo eliminó a las pocas horas sin dar explicaciones, a pesar de que llevaba más de 800 ‘likes’.

Ventanilla del Banco Lassaquil. Una cola de clientes (mujeres jóvenes, en su mayoría) espera por atención. La primera se acerca al cajero y pide el depósito de su beca. “Ahora que el Gobierno trabaja para el banco se ha reestructurado la beca”, le explica el cajero: “Le tocan 375 dólares”. La chica luce contenta pero entonces Guillermo Lasso, que ha permanecido de pie al fondo de la escena, en actitud de vigilarlo todo, se inclina y habla al oído del cajero. Este procede a calcular intereses, comisiones y descuentos y termina por entregar 22 dólares a la joven. Lasso sonríe ampliamente. Voz en off con mensaje final: “Durante años los banqueros como Lasso se han aprovechado del pueblo ecuatoriano. Tú tienes la decisión de elegir. La banca o el país”. Fin.

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Este video que a Rafael Correa, en un primer momento, le pareció una estupenda idea compartir con el mundo, acompañado de la consigna “¡Imposible de perder! #LaBancaOElPaís”, es de aquellos que jamás habrían sido aprobados para transmitirse por televisión. Hay una razón muy simple para ello: toma directamente la imagen del candidato oponente para situarla en un contexto difamatorio. Se trata de un acabado producto de la escuela de Fernando Alvarado, de esos que se hacían por montones en tiempos de sabatinas, y anticipa de manera clara lo que podría ser (otra vez) el aparato de propaganda de un gobierno correísta: absolutamente falto de escrúpulos.

A medida que se acerca la fecha de las elecciones, la candidatura correísta ha multiplicado sus esfuerzos de campaña sucia. Casi todos los días hay un montaje nuevo: acusaron a Guillermo Lasso de haber apedreado al alcalde de Guamote, Delfín Quishpe, cuando todas las evidencias señalan que ocurrió exactamente al revés; falsificaron un certificado de vacunación a su nombre y dijeron que se está robando las vacunas a los ancianos del país; lo acusaron de evasión tributaria a través de la supuesta investigación de un medio de comunicación peruano que no existe; el mismo Andrés Arauz aseguró en Twitter, sin ninguna prueba, que Lasso posee 144 propiedades en Miami a nombre de empresas fantasmas… Y ahora esto: una producción audiovisual costosa, con estudio alquilado, decoración de escenarios, dirección de arte y de fotografía, actores, extras, maquillaje, vestuario… Todo con el fin de difamar a una persona. Es el correísmo de siempre, que está de vuelta.

La campaña sucia (con la participación directa y entusiasta del líder máximo desde Bélgica) ha sido interpretada por muchos como una prueba de la desesperación correísta: se saben perdidos, dice esta hipótesis, de modo que recurren a los expedientes más rastreros de su repertorio. Sin embargo, el hecho de que Rafael Correa terminara retirando el tuit demuestra cuán pésima sería esa estrategia. Quizá la campaña sucia, más que revelarnos el estado real de las preferencias electorales, nos habla de la condición moral de sus autores: ganen o pierdan, juegan sucio.