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Cambio necesario
Los últimos acontecimientos demuestran la decisión del presidente Lenín Moreno, de recuperar la democracia y evidenciar una corrupción que en la última década se expandió en altos y amplios sectores de la administración pública. Aquella actitud ha merecido mayoritario respaldo ciudadano, al crearse un ambiente de menor tensión, más tranquilidad, ausencia de temores, distinto a los momentos postreros del anterior gobierno, en que el arbitrio, la descalificación a reales o supuestos adversarios, forjaron un clima de inconformidad, de hastío, de rechazo a esa forma de gobernar.
La decisión de retirarle las funciones al vicepresidente, sobre quien pesan múltiples acusaciones de corruptelas, exhibe una conducta presidencial dispuesta a cambiar un modelo de gestión, respetuoso de la independencia de las funciones del Estado, de las atribuciones de las diferentes entidades públicas, de los derechos humanos.
Los diálogos siembran la esperanza de que el Ecuador camina a reencontrarse con su tradición democrática, nacida históricamente de luchas y acuerdos entre diversos sectores de la sociedad, bautizada universalmente como “pacto social” por uno de los ideólogos y líderes de la insuperable Revolución francesa, Juan Jacobo Rousseau.
Si el presidente Moreno posiciona su liderazgo, asumiendo como le corresponde, la dirección administrativa del Estado, se percibirá que responde a su propia personalidad y convicciones y que no ha sido escogido para cubrir o encubrir errores e incorrecciones del pasado gobierno. Para ello va a necesitar desmontar un enjambre de agnados, cognados y militantes de Alianza PAIS, enquistados en los organismos del Estado, y desatar una madeja de leyes y decretos que protegen el poder adquirido.
La gestión gubernamental no puede limitarse a la de síndico de quiebra del erario público, ni a reprochables pactos de toma y daca; debe procurar coincidencias en función de objetivos nacionales, gobernar para todos. Para esos propósitos contará con apoyo de la ciudadanía, que anhela vivir en libertad, con seguridad jurídica y justicia, bajo el imperio de la moral.