Cambio climatico y sociopatia de Trump
La decisión del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo climático de París es peligrosa para el mundo y sociopática. Trump está infligiendo daño a terceros deliberadamente y sin ningún remordimiento. La declaración de Nikki Haley (embajadora de EE. UU. ante las Naciones Unidas) de que Trump no descree del cambio climático, lo hace todavía peor: implica que pone en peligro el planeta a sabiendas y descaradamente. Trump anunció su decisión con altanería, bramando que un acuerdo internacional que es simétrico en todos los aspectos, entre todos los países del mundo, es en realidad un truco, un complot antiestadounidense. El anuncio de Trump es derivación de dos hechos profundamente destructivos. El primero es la corrupción del sistema político estadounidense. La decisión de Trump no fue en realidad solo suya, sino que refleja la voluntad del liderazgo republicano en el Congreso, incluidos los 22 senadores republicanos que una semana antes habían enviado a Trump una carta en la que pidieron la retirada del acuerdo de París. Estos senadores, y sus homólogos en la Cámara de Representantes, aceptan sobornos de la industria gaspetrolera, que en 2016 gastó cien millones de dólares en aportes de campaña, de los que el 90 % fue para candidatos republicanos. (En realidad, es casi seguro que el total fue mucho más de cien millones, pero la mayor parte es imposible de rastrear.) El segundo hecho destructivo es la retorcida mentalidad de Trump y sus asesores más cercanos. Defienden con “hechos alternativos” un punto de vista que no tiene ninguna base en la realidad, que es paranoide y malevolente, y que está dirigido a infligir daño a otros, o en el mejor de los casos es indiferente a que otros puedan sufrir daño. El acuerdo climático de París demanda a cada país hacer su parte según “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. Las responsabilidades diferenciadas de EE. UU. surgen de ser el mayor emisor de gases de efecto invernadero en cifras acumuladas, y como tal, contribuyó más que ningún otro país al cambio climático. Además, el nivel de emisión per cápita de EE. UU. es mucho mayor al de cualquier otro país grande. El acuerdo de París no victimiza a EE. UU.; por el contrario, es el que tiene más responsabilidad que los otros países de poner la casa en orden. Según datos del World Resources Institute, EE. UU. es responsable de nada menos que el 26,6 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero entre 1850 y 2013. La población estadounidense es apenas el 4,4 % de la mundial. En síntesis, es EE. UU., cuyas emisiones per cápita siempre fueron varias veces más que el promedio mundial, el que está en deuda con la justicia climática, no al revés. Trump también deplora los aportes que tiene que hacer EE. UU. al Fondo Verde para el Clima (y encima el nombre le parece gracioso). Se queja porque EE. UU. ya entregó más de mil millones de dólares, pero no explica al pueblo estadounidense y al mundo que esos mil millones suponen un aporte de 3,08 dólares por cada estadounidense. He aquí la simple verdad: el mundo entero necesita pasarse en forma rápida y decidida a un sistema energético con baja emisión de carbono, para poner fin a las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero antes de la mitad del siglo. No hay aquí ninguna trampa contra EE. UU. Es una necesidad global. La conducta sociopática de Trump, y la corrupción y malevolencia de los que lo rodean, han generado un total desdén por un mundo que está al borde de una catástrofe provocada por los seres humanos.