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Cajon de madera y un libro para pagar el impuesto predial
En enero se recauda el 30 por ciento del total anual. Abuelitos protagonizan las filas que se forman fuera del Municipio durante los primeros días del año.

Melba Campaña se levantaba disparada del cajón de madera que le servía de asiento. Lo hacía cada tres minutos, apenas notaba que la fila para el pago del impuesto predial se movía.
La abuelita, de 72 años, resaltaba. De los más de 10.000 usuarios que acudieron hasta las 13:00 de ayer al Municipio de Guayaquil, fue la única que se ubicó a un costado de la formación en su banco improvisado.
Cerraba el libro de oraciones navideñas que leía sin distracciones, agarraba la caja y caminaba hasta que la cola se detenía. Volvía a acomodarse. “A esta edad ya no puedo estar mucho tiempo parada”, reconoció sonriente. A pesar de que afuera del Cabildo había un centenar de sillas para los adultos mayores, la ambateña prefirió darle uso a la gaveta que recogió de algún basurero en el trayecto de su casa a la institución.
Enrique Campuzano, subdirector financiero del Municipio y quien se paseaba por las entradas a las 18 ventanillas habilitadas para el pago, les recordaba a los contribuyentes que los valores a abonar eran los mismos que el 2018. Melba Tenía que pagar 10 dólares de impuesto por su inmueble ubicado en el kilómetro seis y medio de la vía a Daule. La misma cantidad canceló el año pasado.
Es la cifra que, calcula, saca semanalmente por reciclar cartones que recoge en el Mercado Central. Ayer fue diferente. En vez de acudir a las calles Manabí y Lorenzo de Garaycoa para recoger su carreta recicladora, fue directo al Municipio.
Llegó a las 08:30, pero las ventanillas abrieron desde las 07:00 a las 18:00, según informa Campuzano, solo por este mes. Según el funcionario, por una cuestión cultural, enero es cuando reciben a más usuarios. De hecho, en los primeros 31 días del año se recauda el 30 por ciento de los 12’700.000 y 13’700.000 dólares del total por prediales y de contribución de mejoras, que se cobran simultáneamente durante el año. Solo ayer, hasta las 13:00, habían ingresado 464.183 dólares.
Esto también se debe, añade el subdirector, a que quienes cancelen durante los primeros 15 días de enero, reciben el 10 por ciento de descuento. Por eso es costumbre de Daniel Moncada, desde hace más de 35 años, hacerlo cada 2 de enero.
Él debe pagar 39 dólares por su propiedad y la de su hija, ubicadas en la Valdivia, al sur de la ciudad. “Tal y como está el país en este momento, cualquier ahorro es bueno”, reflexiona el hombre de 68 años.
Daniel aguardaba su turno en una de las sillas blancas, a tres metros de la formación exclusiva para adultos mayores. Como la mayoría de usuarios que elige dar su contribución por ventanilla municipal sobrepasa los 60 años, 6 de las 18 cajas fueron destinadas para ellos.
Podrían cancelar a través de la banca privada o transacciones electrónicas, pero Campuzano cree que también es una cuestión cultural la que los empuja a aglomerarse en el Municipio.
Pero lo que para muchos ya es un hábito, para Santos Acosta era su primera vez. En una mano apretaba un billete de cinco dólares y un recibo de 1963, deteriorado e ilegible por la antigüedad y la manipulación.
El anciano de 90 años, estaba confundido. Su hermano es el que siempre se ha hecho cargo de tener al día el predio que les heredó su padre, ubicado en la parroquia Febres-Cordero.
Este año decidió encargarle dicha responsabilidad. “Se enojó conmigo y me mandó para acá”, dijo entre risas y sacudiendo el bastón que usaba para caminar hacia la cola. “¿Aquí es la fila de la tercera edad?”, preguntó Santos en voz alta cuando se acercó a Rubén Maya, el último de la hilera. “No, esta es la de la cuarta edad”, soltó una carcajada que se contagió a todos, incluyendo a Melba, que seguía con los ojos clavados en su libro.
La cifra:
581.000
Inmuebles conforman el catastro de Guayaquil para el pago de impuestos.