Actualidad
Bucaram y Correa
Cuando Bucaram fugó en 1997, lo hizo ya con denuncias de corrupción en su contra. Cesado en sus funciones se asiló en Panamá, desde donde trató de mantenerse relevante en el tablero político local. Paradójicamente fue su bien bailada chapa de “loco” la que facilitó al Congreso su decapitación política sin resistencia social. Porque su base política no desapareció.
El PRE operó hasta el año 2014, esto es 17 de los 20 años de exilio, el plazo de prescripción de causas contra el “loco”. En las presidenciales del 98 el PRE puso a Alvarito en segunda vuelta; mantuvo representaciones legislativas y judiciales funcionales, hasta bien entrado el correísmo, garantizando significativas carteras en los años de contratación de emergencia. Cuando Abdalá anuncia con la venia de Correa su retorno político en 2017, ofrece terciar para alcalde o prefecto en las siguientes elecciones. Pero ya quedaba muy poco del PRE.
A pesar de las denuncias de corrupción y del idiosincrático ego, parecidos indudables, la mayor diferencia entre Correa y Bucaram es que el primero cedió voluntariamente el poder. Hoy es un asilado de hecho en Bélgica, desde donde gestiona su influencia y la protección política requerida en sus juicios. También se aseguró un puesto en el álbum de cromos políticos: ‘el loco del ático’ va en la misma página que ‘el loco que ama’.
Innumerables son los reportes sobre el supuesto fracaso electoral del correísmo en las últimas elecciones. Si los análisis siguieran rigor académico podrían arrojar luz sobre la realidad, pero la polarización y el escándalo entre Carondelet y el ático, impiden aún distinguir la señal del ruido.
Uno solo parece ser el factor común y más importante en las trayectorias políticas de estos dos personajes: son los mismos titiriteros los que detrás de estas sinuosas y en apariencia desconectadas trayectorias, siguen tirando las cuerdas. El poder detrás del poder tiene entonces experiencia en control político de exiliados, en mantener el perfil bajo durante las dificultades económicas y en artes parlamentarias. Lo que no tiene es experiencia en ganar campañas presidenciales.