Fin del poder blando de EE.UU.

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Fin del poder blando de EE.UU.

Fin del poder blando de EE.UU.

Una de las principales víctimas de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos será sin duda el poder blando de este país en todo el mundo, lo que resultará difícil (o tal vez imposible) de revertir, sobre todo para Trump. Tradicionalmente, el poder político global de los países se evaluaba según su capacidad militar: el que tuviera el ejército más grande sería el más poderoso. Pero esta lógica no siempre se correspondió con la realidad: EE. UU. perdió la Guerra de Vietnam. Hablemos ahora del poder blando. El término acuñado en 1990 por Joseph S. Nye (de la Universidad de Harvard) se refiere a la influencia que un país (y en particular EE. UU.) ejerce por fuera de su poder militar (“duro”). Para Nye, el poder se basa en la capacidad para obtener de otros lo que se quiere, mediante coerción (el palo), recompensa (la zanahoria) o atracción (el poder blando). Y quien ejerce atracción sobre otros puede ahorrarse palos y zanahorias. Además sostiene que el poder blando de un país surge de su cultura (en lugares donde atrae a otras personas), sus valores políticos (cuando los cumple dentro y fuera de sus fronteras) y su política exterior (cuando se la considera legítima y provista de autoridad moral). Pero creo que también surge de la imagen que tiene el mundo de ese país: las asociaciones y actitudes que despierta su nombre. El poder duro se ejerce; el poder blando se evoca. EE. UU. ha sido la mayor economía del mundo y su democracia más antigua, un refugio para inmigrantes y la tierra del Sueño Americano: la promesa de que todos pueden ser lo que se propongan con tal de esforzarse para conseguirlo. También es el hogar de Boeing, Intel, Google, Apple, Microsoft, Disneylandia, McDonald’s y Starbucks; en síntesis, algunas de las marcas e industrias más reconocibles e influyentes del mundo. La atracción de estos activos y del estilo de vida americano que representan, es lo que permiten a EE. UU. persuadir a los demás de adoptar su agenda, en vez de obligarlos. El poder blando actúa a la vez como alternativa y complemento del poder duro. Pero este poder tiene límites. Los activos de poder blando estadounidense no compensaron las deficiencias de su estrategia de poder duro. Los entusiastas de la cultura estadounidense no estaban dispuestos a pasar por alto los excesos de Guantánamo. Usar Microsoft Windows no predispone al usuario para aceptar que el país que lo produce se dedique a la tortura. EE. UU. sufrió una importante pérdida de poder blando, pero su discurso interno pronto superó sus retrocesos en materia de política exterior, en parte por la inédita conectividad actual. En un mundo de comunicaciones en masa instantáneas, los países son juzgados por una audiencia internacional que se nutre de un flujo incesante de noticias en Internet, videos caseros y tuits.

En esta era de la información, según Nye, hay tres tipos de países con más capacidad de obtener poder blando: aquellos cuyas culturas e ideales dominantes se acerquen más a las normas que prevalecen en el mundo (ahora liberalismo, pluralismo y autonomía); los que tengan más acceso a múltiples canales de comunicación y puedan así influir más en la presentación de los temas; y aquellos cuya actuación interna e internacional refuerce su credibilidad. EE. UU. tuvo un desempeño bastante bueno en todos estos frentes, pero la llegada de Trump al poder hizo añicos esa imagen. El Sueño Americano se convirtió en la pesadilla del mundo. Y los demonios que salieron de la caja de Pandora en 2016 seguirán haciendo estragos. EE. UU. ya no nos parecerá el mismo... y el mandato de Trump ni siquiera empezó.

Project Syndicate