Bienvenido Mr. Trump
Normalmente, a quien acaba de ganar una elección cuando está por asumir su mandato se lo recibe con calurosas manifestaciones de bienvenida. En los Estados Unidos de América no está ocurriendo así. Ni siquiera en su propio partido, el Republicano, hay unanimidad en la calidez de la recepción. Sin duda, Trump es desconcertante y un campeón en la generación de incertidumbre. Pero ocurre que más allá de su evidente condición de impredecible, algunas de las cuestiones sobre las cuales ha anticipado criterio ponen en tensión a la economía y a la política del planeta.
Por ejemplo, sus visiones sobre el comercio internacional o los acuerdos de los que los Estados Unidos son parte, tienen en alerta a los mercados mundiales y a las potencias que en ellos mantienen hegemonía. China, en su caso, dado que lo planteado por el presidente a posesionarse rompe las reglas de la Organización Mundial de Comercio, debe sentir como amenaza el permanente discurso agresivo del magnate que, traspasando lo comercial se ha permitido también ingresar en terrenos más agrestes que atañen a cuestiones territoriales que los chinos mantienen con sus vecinos.
Agravando la situación, la amenaza de poner en Jerusalén la embajada norteamericana en Israel o las críticas a la OTAN, sumadas a la visión política ideológica de los nombramientos más prominentes vinculados con la seguridad internacional y la interna, todo hace pensar que el paso de la incertidumbre a la certeza, al aclarar las situaciones, sustenta los temores de volver a entrar en un período de aguas turbulentas, tal cual han planteado desde su opinión, líderes del pensamiento económico y político estadounidense y mundial.
Por supuesto, podría ser que el presidente en funciones se maneje con estrategias diferentes al candidato. La campaña se fundamentó, exitosamente, en cierto tremendismo repudiador de todo lo anterior, apoyando la voluntad de cambio del electorado que respondió tal cual se esperaba. Pero ahora, los nombramientos realizados y los discursos pronunciados solo le dejan esperanza a la evidencia de modificaciones sustantivas al comportamiento hasta aquí evidenciado en lo que diga en su discurso inaugural como presidente, aunque es posible predecir que será ratificatorio. El viernes es definitorio para lo que sea el 2017 y los años por venir.