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La baja de clientes obliga a restaurantes a subir el menu

La tendencia de los restaurantes es subir el precio del almuerzo, el popular hasta $ 3,25 y el ejecutivo hasta $ 5,75. Aún así los restaurantes se quedan con ‘hambre’ como efecto de la crisis económica. En un recorrido efectuado por este medio por locales de comida del centro, sur y norte de la ciudad, los propietarios de los negocios indicaron que las ventas bajaron entre un 20 % y un 60 %. Y es precisamente el descenso de las ventas que frena a otros a incrementar los precios. Tratan de evitar perder más clientela, manifestaron. Edith Guerra, propietaria del restaurante El Túnel, ubicado a una cuadra del Municipio de Guayaquil, dijo a Diario EXPRESO que en su caso las ventas se han desplomado en un 60 %, pese a que oferta el almuerzo popular a un precio intermedio, a $ 2,90 y el ejecutivo a $ 5,50. Pero hay comida al alcance de todo bolsillo. En el sur, en la Sazón Criolla todavía se vende el almuerzo a $ 2,25. Pese a eso su dueño Fredy Sánchez indicó que las ventas han bajado en un 25 %. Él trata con promociones cada mes complementar $ 2.064 para pagar el alquiler del local ($ 400); servicios ($ 200) y el sueldo de cuatro empleados ($ 1.464). Aunque en el centro de la ciudad buscando aún se puede encontrar almuerzos a $ 2,50, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) indicó en su último informe que los precios de la comida en restaurantes y hoteles en diciembre de 2015 subió un 0,21 % y anual un 4,78 %. Los consumidores indicaron que el aumento de precios sale de su presupuesto. David Cedeño, ejecutivo de ventas de un cementerio, manifestó que su fondo para el almuerzo es de $ 2,50 por día, al mes son $ 60 y no más. ¿Cuál es la opción cuando no alcanza el dinero? “Comer un bolón, un sánduche o una papa rellena con colada. Así se gastan solo $ 1,75”, dijo otro cliente, Jorge García. Y en efecto en el centro los quioscos que ofrecen estos aperitivos son los que ganan la clientela del que no puede pagar un almuerzo de $ 3,25, según se observó. Así, en tiempo de crisis los restaurantes se quedan con ‘hambre’ de más ventas; mientras los clientes están dispuestos a cambiar su costumbre alimenticio con tal de ahorrar unos dólares.