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La bahia apaga su luz
Sus acreedores no pueden esperar más, tiene endeudado hasta su ‘apellido’.

Sus acreedores no pueden esperar más, tiene endeudado hasta su ‘apellido’. La salida es apagar la luz, rematar la mercadería y vender el módulo de la bahía de Guayaquil donde creció y trabajó hasta los 48 años de edad.
Él está parado junto a su taxirruta mientras habla con Diario EXPRESO. Se mueve de un lugar a otro por la ansiedad. Prefiere quedar en el anonimato, como muchos que siguieron su mismo ejemplo: renunciar a ser vendedor en el motor del comercio de la ciudad.
Su tono de voz está lleno de rabia y se mezcla con la melancolía, al decir que ese puesto lo heredó de su madre. Recuerda cuando tenía 8 años, edad a la que aprendió a vender al mismo tiempo que leer y escribir.
Suspira, pasa sus dedos entre sus cabellos platinados y dice que se levantó dos veces de las crisis económicas, hasta cuando en Ecuador se pasó de usar el sucre al dólar; allá por el 2000. Pero la tercera lo venció. Ahora es un chofer y de ello el único orgullo que siente es que puede llevar algo de alimento a su hogar. Por sus venas circula la sangre de comerciante, pero no hay venta y hay que migrar a otro oficio.
Sus reflexiones sobre la contracción económica que se vive se mezclan con palabras ‘fuertes’, da unos pasos y opta por disculparse y dar por terminada la entrevista.
La bahía, por estos días, está llena de historias similares como la de Alvarado. Ella da su apellido y se reserva el nombre porque después de ser empleadora, ahora es trabajadora remunerada del hogar.
No importa por dónde se camina, hay locales cerrados por todos los sectores de la bahía. Una de las experiencias es escuchada por el sector de la bahía denominado la Villamil y la otra, por las calles de Chimborazo y Huancavilca.
En el recorrido se ven hasta comerciantes recogiendo la mercadería al mediodía, porque en cinco días también apagarán la luz. La señora deja de leer un artículo espiritual y comenta que ha cerrado dos de los cuatro locales que tenía. Este es el tercero, se quedará con uno solo, un local que es propio. “Es imposible pagar alrededor de $ 500 de alquiler al mes. En esta semana solo vendió tres prendas y de las más económicas. Ese dinero sirve solo para almorzar aquí”, enfatiza, quien lleva 16 años como comerciante en el lugar.
En el sector conocido porque allí se vende mercadería de Perú, está Cristhian Castro. El comerciante bromea por sus nombres y dice: “Lo único que puedo cantar son pesares”, al referirse al desplome de las ventas. Él oferta prendas de vestir entre dos y cinco dólares, pero aún así a los compradores no les alcanza el dinero. Agrega que su vecino abre el local después del mediodía, en la mañana trabaja como técnico y en la tarde vende repuestos allí. “Antes de la crisis solo trabajaba aquí, la falta de ventas lo obliga a recorrer las calles ofreciendo arreglar algún artículo eléctrico dañado”.
Los pasillos de la bahía lucen vacíos, la ausencia de los clientes no solo provoca angustia a los comerciantes porque no ganan dinero; si no porque se exponen más a la delincuencia.
La falta de dinero toma rostros humanos en la bahía de Guayaquil, el lugar es considerado como uno de los termómetros de la economía del país. En el recorrido se hace un sondeo, los comerciantes señalan a EXPRESO que las ventas han caído entre un 50 % y un 80 % y esa es la razón por la que cada vez más locales apagan su luz.
LA ACADEMIA
“Es mejor no castigar el consumo”
La academia reúne a los alumnos y economistas para estudiar la coyuntura. Ayer ese análisis se hizo en la Universidad Tecnológica Empresarial. Uno de los expositores fue el economistas Pablo Dávalos, quien dijo a Diario EXPRESO que el Gobierno no debe dejar al próximo presidente atado con sobreendeudamiento. Agregó que para impulsar el comercio hay que quitar las sobretasas y bajar el IVA al 12 %, “porque cuando la economía está en recesión, castigar al consumo acentúa la recesión. Y la recesión se expresa por el desempleo, pérdida de inversiones, baja del movimiento comercial y bancario y es lo que se ve”.
EL RECORRIDO
El camino al cierre
En este local de la calle Eloy Alfaro se quitaba la ropa a los maniquís. Ese local en los próximos días cierra sus puertas.
Pasillos vacíos
La foto se tomó cerca del mediodía y en los locales abiertos no hay clientes comprando, ni siquiera cotizando. En los pasillos solo están los vendedores.
El efecto dominó
Un desfile de candados se ve en algunos pasillos de la bahía, donde más de un local cerrado está junto a otro que también quebró.
EL DETALLE
Según la encuesta empresarial del BCE, la caída más fuerte de las ventas fue en enero (-16,4 %); mientras que cuando más subió, fue en mayo (7,3 %).
LA CIFRA
4.213 módulos hay en la bahía de Guayaquil, según la cifra del Municipio de junio de 2016.