Tarea. Emma Vélez imparte clases en el curso de nivelación de Ingeniería Civil, de la Universidad Laica.

Los bachilleres pierden el panico escenico en el ‘pre’

El primer reto que tiene todo bachiller al graduarse son los preuniversitarios o llamados también cursos de nivelación, inducción o admisión, que les permite orientarse y capacitarse. También les ayuda al proceso de adaptación, ya que pasan de un siste

El primer reto que tiene todo bachiller al graduarse son los preuniversitarios o llamados también cursos de nivelación, inducción o admisión, que les permite orientarse y capacitarse. También les ayuda al proceso de adaptación, ya que pasan de un sistema colegial en donde sus padres tienen mucha responsabilidad en su rendimiento escolar, a uno en donde ellos son independientes.

En este proceso corto, que dura de tres a ocho semanas en las universidades privadas (en las públicas dura seis meses), se pretende adaptar al estudiante a las exigencias universitarias como son la investigación y la educación participativa. Además se busca nivelar los conocimientos básicos generales que debe poseer quien pretenda ingresar a un centro de estudio superior.

Varias universidades privadas de Guayaquil abrieron su oferta académica para los nuevos bachilleres, incluso antes de que estos se graduaran.

Los jóvenes que asisten a clases desde el 29 de febrero pasado cuentan a Diario EXPRESO sus vivencias en esta nueva etapa de su educación.

Carmen Arévalo, de 18 años, quien desde hace tres semanas asiste al curso de nivelación en la facultad de Ingeniería en Telecomunicaciones, de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, todavía no puede olvidar la vergüenza que pasó el primer día clases. “Yo me gradué en un colegio militar donde cada vez que ingresaba un superior al aula se daba la orden de ‘firme’, como señal de respeto. Por eso aquí, el primer día que ingresó un profesor di la voz de mando para que todos se paren y se cuadren. Eso provocó risa entre mis compañeros”, indica, al señalar que ahora comprende que debe adaptarse a su nueva vida académica y hacer nuevos amigos.

Mauricio Freire, de 17 años, quien asiste al curso de nivelación en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, considera que el colegio tiene reglas más formales enfocadas al estudiante, mientras que la universidad se interesa más en los conocimientos integrales que transmite. “En el colegio hay que llevar un uniforme pulcro, el cabello corto (los varones), las faldas de un largo apropiado (las chicas), la hora de clase comienza con el timbre y los profesores tienen puesto el ojo sobre el alumno. En la universidad nada de eso interesa”.

La nostalgia es algo que casi todos llevan, pero se compensa con la satisfacción de estudiar una carrera que les gusta. Como Steven Mancheno, de 19 años, quien se graduó en el colegio Gauss y se ha propuesto ser el mejor administrador en marketing. Actualmente asiste al curso de inducción que ofrece la Universidad Casa Grande.