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El aula del terror
No hay palabra alguna para calificar los hechos acaecidos en un aula escolar de la ciudad de Quito, en donde 44 menores de edad, alumnos de esa escuela, vivieron momentos terroríficos como consecuencia de la conducta anormal, por decir lo menos, de su profesor. Este convirtió al salón de clases en un sitio en donde sus estudiantes vieron películas pornográficas, con explícitas escenas de actos sexuales, y de inmediato ordenó a sus pupilos que procedieran a la práctica de dichos actos, como parte de una técnica didáctica de su autoría.
El colmo de la degradación moral de este profesor lo llevó a castigar y a golpear a sus alumnos, y a quemarles la piel con los morteros del laboratorio, cuando se negaron a seguir sus órdenes. Llegó incluso a amenazar a los alumnos con matar a sus padres en caso de que se quejaran por las atrocidades que él cometía.
Esto que parece ser una novela de terror, es un hecho real, que debe haber conmocionado a todo el país. No es otra cosa que la consecuencia de la pérdida de valores morales que hay actualmente en la sociedad humana y, por ende en el Ecuador.
Es increíble que se hayan producido hechos de esta naturaleza. Pero lo que es más increíble es que existan profesores con la mente pervertida, que no hayan podido ser detectados por sus superiores.
El futuro de un país depende de la forma en la que serán educadas su niñez y su juventud. La educación debe darse desde la cuna y la instrucción desde las aulas de escuelas y colegios. Si en estos lugares no hay ética, ni moral, ni urbanidad, mal puede hablarse de una juventud y de una niñez debidamente formadas.
El autor de tan execrable delito debe estar en un sanatorio para dementes, toda vez que su conducta es la de un enfermo mental que jamás debió haber sido designado maestro de la niñez. Las autoridades gubernamentales deben tomar en cuenta este abominable acontecimiento para impedir que llegue a ostentar el honroso título de maestro, quien en realidad es un abominable y detestable ser humano.
Ojalá no tengamos que lamentar más hechos abominables como este.
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