Atlas

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Boston Dynamics, la compañía de Alphabet que lleva años trabajando con el Ejército estadounidense para crear robots que sirvan de ayuda logística a los soldados, tiene una cuenta en YouTube que utiliza para presentar a sus nuevos robots de vez en cuan

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Atlas puede abrir puertas, equilibrarse mientras camina por la nieve, colocar objetos en una repisa y levantarse después de caer. Se trata del androide de Boston Dynamics, de la firma que forma parte del conglomerado Alphabet, que agrupa a las diferentes divisiones de la que forma parte Google.

Esta nueva versión es más pequeña y más ágil que su predecesora. Con una altura de 1,75 metros y un peso de 81 kilos, mide unos 18 centímetros menos y pesa unos 54 kilos menos que la versión anterior. También es totalmente móvil: la versión anterior debía estar conectada a una computadora.

Su misión, según sus creadores, es la recuperación de restos e información, en desastres o sitios peligrosos para los humanos, tales como plantas nucleares dañadas.

¿Cómo funciona? Usa sensores montados en su cuerpo y piernas para mantener el equilibrio. Los láseres de su cabeza le ayudan a detectar y evitar obstáculos, a navegar, a evaluar el terreno y a mover objetos. Gracias a sus articulaciones hidráulicas, Atlas puede revisar su entorno y maniobrar en situaciones complejas: caminar, subir escaleras y sortear escombros.

En un vídeo de YouTube, un empleado de Boston Dynamics usa un palo de hockey para alejar una caja. El robot rápidamente hace ajustes y se mueve para levantarla. También le pegan por la espalda a Atlas... que rápidamente se levanta con ayuda de sus brazos.

Atlas, su primera versión, hizo su debut hace tres años (2013) durante una competencia de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa de Estados Unidos.

Más allá de Atlas
Para acortar las distancias entre las máquinas y los humanos aún hace falta resolver muchos más problemas que solo emular sus movimientos.

El robot también necesita una piel que parezca real. Cualquiera que ha tocado un objeto de silicona sabe que no se siente como si fuera piel y, además, cuesta mucho trabajo mantenerlo limpio. Replicar no solo las irregularidades de la piel humana, sino su sensación, su flexibilidad, elasticidad y tono realmente ha resultado más que difícil.

En octubre de 2015, investigadores en Singapur anunciaron que habían desarrollado piel artificial capaz de sentir la presión. Pero aún no puede sentir la temperatura, ni puede estirarse y ni se siente como la piel humana.

La emoción y los sentimientos es otro punto. Dentro del robot, los científicos tendrán que desarrollar una inteligencia artificial que conecte y aprenda de su compañero humano.

Las computadoras quizás puedan ganarle a un humano en ajedrez y responder rápidamente a los movimientos. Algo muy importante: ayudar a personas en zonas y momentos de riesgo. Sin embargo su inteligencia, aún está lejos de ser convincente.

Atlas puede abrir puertas, equilibrarse mientras camina por la nieve, colocar objetos en una repisa y levantarse después de caer. Se trata del androide de Boston Dynamics, de la firma que forma parte del conglomerado Alphabet, que agrupa a las diferentes divisiones de la que forma parte Google.

Esta nueva versión es más pequeña y más ágil que su predecesora. Con una altura de 1,75 metros y un peso de 81 kilos, mide unos 18 centímetros menos y pesa unos 54 kilos menos que la versión anterior. También es totalmente móvil: la versión anterior debía estar conectada a una computadora.

Su misión, según sus creadores, es la recuperación de restos e información, en desastres o sitios peligrosos para los humanos, tales como plantas nucleares dañadas.

¿Cómo funciona? Usa sensores montados en su cuerpo y piernas para mantener el equilibrio. Los láseres de su cabeza le ayudan a detectar y evitar obstáculos, a navegar, a evaluar el terreno y a mover objetos. Gracias a sus articulaciones hidráulicas, Atlas puede revisar su entorno y maniobrar en situaciones complejas: caminar, subir escaleras y sortear escombros.

En un vídeo de YouTube, un empleado de Boston Dynamics usa un palo de hockey para alejar una caja. El robot rápidamente hace ajustes y se mueve para levantarla. También le pegan por la espalda a Atlas... que rápidamente se levanta con ayuda de sus brazos.

Atlas, su primera versión, hizo su debut hace tres años (2013) durante una competencia de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa de Estados Unidos.

Más allá de Atlas
Para acortar las distancias entre las máquinas y los humanos aún hace falta resolver muchos más problemas que solo emular sus movimientos.

El robot también necesita una piel que parezca real. Cualquiera que ha tocado un objeto de silicona sabe que no se siente como si fuera piel y, además, cuesta mucho trabajo mantenerlo limpio. Replicar no solo las irregularidades de la piel humana, sino su sensación, su flexibilidad, elasticidad y tono realmente ha resultado más que difícil.

En octubre de 2015, investigadores en Singapur anunciaron que habían desarrollado piel artificial capaz de sentir la presión. Pero aún no puede sentir la temperatura, ni puede estirarse y ni se siente como la piel humana.

La emoción y los sentimientos es otro punto. Dentro del robot, los científicos tendrán que desarrollar una inteligencia artificial que conecte y aprenda de su compañero humano.

Las computadoras quizás puedan ganarle a un humano en ajedrez y responder rápidamente a los movimientos. Algo muy importante: ayudar a personas en zonas y momentos de riesgo. Sin embargo su inteligencia, aún está lejos de ser convincente.