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Arquitectura comercial, recintos que se rinden al culto al consumo
Las ciudades evolucionan, se transforman día a día, y mucho de ese crecimiento y modernización se refleja en la gran actividad comercial que desarrollan sus habitantes.

EN CONTEXTO
-Quién no ha sentido alguna vez la necesidad de comprar en un local que destaca por lo espectacular y cómodo.
-La arquitectura comercial incide en el éxito (o fracaso) de los negocios. Su intención es seducir a los clientes o usuarios.
-La idea de esta disciplina no es solo lograr edificaciones o locales bonitos, sino que también sean útiles.
-En Guayaquil, los centros comerciales y locales de franquicias extranjeras aplican correctamente los diseños.
Las ciudades evolucionan, se transforman día a día, y mucho de ese crecimiento y modernización se refleja en la gran actividad comercial que desarrollan sus habitantes. Por eso las tiendas minoristas, aeropuertos, centros comerciales, hospitales, estadios, torres de oficinas, hoteles y hasta las torres de departamentos son hoy el nervio vital de nuestras urbes. Pero es del diseño de estos edificios o establecimientos que depende su éxito, aunque también puede ser la causa de su fracaso en lo comercial.
Esta delicada tarea recae sobre la llamada Arquitectura comercial, una disciplina muy en boga en el Ecuador y el mundo. El estilo comercial incorpora materiales en crudo, con menos atractivos clásicos, pero con mayor resistencia y durabilidad. Los ambientes son amplios, espaciosos y la iluminación prioriza las fuentes artificiales de estilo industrial. Entre los materiales destacan el concreto, el metal y a veces las piedras como elemento natural.
David Hidalgo es un profesional guayaquileño que aplica este tipo de arquitectura, sostiene que en esta y en las grandes ciudades del país se observan muchos ejemplos del correcto uso de la disciplina.
Las franquicias extranjeras son el mejor ejemplo -dice- Marcas como Nike, Adidas, Apple, Forever 21, Zara, por citar algunas, hacen que el recorrer sus tiendas se vuelva una experiencia para el consumidor. Todos ellos manejan su propia biblia, un ‘construction book’ que contiene un extenso manual con las distintas aplicaciones de la marca.
Hidalgo añade que en los grandes centros comerciales como Mall del Sol o El Dorado, se nota que sus proyectistas manejaron la circulación y distribución de espacios para agradar al cliente. “La distribución estratégica de locales anclas, semianclas, de servicio y de consumo masivo brindan un equilibrio comercial que ayuda al éxito de la edificación”.
Los arquitectos especialistas en esta tendencia son los que adecúan los inmuebles donde funcionarán establecimientos mercantiles y eso no solo implica la ubicación de los stands, sino también que las marcas y la publicidad de las empresas fabricantes de los productos aparezcan en lugares visibles.
Lograr una buena arquitectura comercial incluye rehabilitar o modernizar viejas estructuras que permitan que los clientes se sientan tan cómodos que no quieran salir de ellas. La idea no es solo lograr un lugar bonito, sino también útil para que el usuario ubique fácilmente lo que desea.
Ana Zapata, diseñadora de interiores y catedrática de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Guayaquil, dice que en la ciudad y el resto del país, la arquitectura comercial es visible, sobre todo en los diseños de plazas comerciales y edificios destinados a oficinas. Pero para ella, tan importante como esta disciplina es el interiorismo comercial. “Se ha vuelto una necesidad para el éxito de las actividades de negocios, es la carta de presentación del negocio, le da personalidad y carácter”, subraya.
Pero qué dicen los urbanistas acerca de esta moda de crear espacios cada vez más espectaculares donde ofrecer productos y servicios de todo tipo. Felipe Huerta Llona, arquitecto e ingeniero, considera que más que un tipo de Arquitectura lo que aquí hay es una respuesta funcional a la gran demanda de consumo en las ciudades de hoy. “Se crean espacios que atiendan al consumidor, espacios con comodidad de parqueos, que sean útiles para recibir la mercadería y su distribución interna y luego todo eso se cubre con una capa muy decorativa, con alto consumo incluso de energía, climatizaciones..., lo cual incide obviamente en los costos para todos”.
Huerta Llona, quien cita el caso de la “espectacularidad” de los centros comerciales como mejor ejemplo de arquitectura comercial, insiste en que esta “se torna como un símbolo de consumo en la cual lo que brilla es oropel”.