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No fue apoteosico

Se había anunciado que la recepción al vacacionista Lenín Moreno sería apoteósica y no lo fue, a pesar de que se había convocado una reunión nacional y vinieron a la recepción personas de todo el país. Se había pretendido convertirlo en un gran ausente, como lo fue Velasco Ibarra. Pero la comparación no resiste le menor crítica, pues Velasco se hallaba ausente porque el Gobierno de entonces lo mantenía en el exilio y su vida transcurría entre la cátedra universitaria y un modesto pasar en el lugar de su destierro. En tanto que la ausencia de Moreno ha transcurrido en un pasar dorado, cuyos gastos, que suman altas sumas, han sido pagados por el Gobierno, mientras a una hija suya también le han dado un dorado cargo y a su yerno un jugoso contrato. Es probable que por todas estas muestras de amabilidad, la mitad del discurso de Moreno, pronunciado al sur de Quito, haya transcurrido entre las más encendidas alabanzas al presidente de la República, tan encendidas que más parecían una oración al Ser Supremo, porque solo le faltó una expresa comparación con Dios, pues dijo Correa puertos y los puertos surgieron de las entrañas del mar; dijo carreteras y las carreteras surgieron como tocadas por la mano divina; dijo hospitales y las camas para los pobres se instalaron por millares; y al decir colegios, escuelas, universidades, estos centros de estudio, en todas sus etapas, surgieron como sembrados en todo el país. Así lo dijo Dios: “Fiat lux” y la luz fue. Pero si fuera cierto que todo aquello surgió por la mano taumaturga de Correa, quien deberá cargar con su costo, asumiendo el tremendo endeudamiento público, interno y externo, serán los próximos gobiernos, que ni siquiera tendrán la renta petrolera, pues el petróleo ha sido entregado por venta anticipada a China o Tailandia, por miles de millones. Y el señor Moreno debe estar muy enterado de todo esto, pero calla y tergiversa y levanta en su imaginación un monumento para Correa, más importante que el de cualquier imagen religiosa, y deja además la clara impresión de que su gobierno, en el no consentido caso de que ganara las elecciones, sería solo un subsidiario del actual régimen. Por eso fue tan clamoroso al referirse a la llamada revolución ciudadana.

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