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Un Ano Viejo muy especial para nuestro barrio

Un conocido periódico de esta localidad aprovechó la finalización de la Segunda Guerra Mundial para promover un concurso de años viejos, que tendría como figuras principales al japonés Hideki Tojo y al alemán Adolf Hitler.
Por supuesto, nuestro querido barrio Rocafuerte y Padre Aguirre se inscribió. El ‘comité ejecutivo’ pidió las caretas correspondientes y el trabajo comenzó para el Muerto, el Sambo, Tontolito, Patucho, Abogallo, Picantito, y entre los hermanos los Maraca, Macro y Micro, los Camota, los Chinos y otros más.
Por tratarse del mes de diciembre no podíamos descuidar el tercer trimestre de los exámenes del colegio, así como también, teníamos que seguir jugando por las tardes la pelota de trapo, al bate, a los goles, pega con vida, y una muy singular actividad a la que denominamos ‘mano-handball game tolda de la Coca Cola’.
El tiempo se nos hizo estrecho y solo pudimos hacer un monigote. Los inspectores del concurso llegarían un poco antes de las 12 de la noche del 31, para calificar los muñecos, siendo el premio unos jugosos 200 sucres, que para nosotros era una fortuna.
En el descanso de la escalera de la casa de los Febres-Cordero, que antes había pertenecido a Don Simón Delgado, pusimos el muñeco de aserrín y a su lado otro asiento con el ‘Patucho’ vestido con camisa de cuello, pantalón largo, y una salida de baño amarillo con rojo perteneciente a Don Agustín. Se abrió la careta de Tojo y se la colocamos al ‘Patucho’, que muy quieto se mantenía para la inspección; pero dentro de la careta había una tachuela que sostenía los lentes de Tojo, y cuya punta estaba muy cerca de la nariz del Patucho. Los inspectores estaban sorprendidos con el monigote que hasta se movía, todo un acontecimiento para la época. Alguno para felicitar el éxito del muñeco, pegó en la careta de Tojo y la tachuela entró en la nariz del Patucho; el salto que pegó con un grito desgarrador, hizo volar por los aires toda la vestimenta.
Por supuesto nos descalificaron, pero habíamos recogido algunas monedas de los vecinos y eso nos sirvió para comer sánduches calientes en el kiosco de Romero, y festejar la llegada de un nuevo año en nuestro siempre inolvidable barrio Rocafuerte y Padre Aguirre.