Un ano de opciones claras

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Un ano de opciones claras

Al margen de los buenos deseos que son propicios al inicio de un nuevo año, debemos establecer que tenemos dos opciones, ambas reflejos del pasado: o bien caemos en la desesperanza de 1999 o por lo contrario, gozamos de la expectativa de un año de recuperación económica como lo fue 2002. Se dará lo primero si se persiste en el modelo de soberbia, imprevisión, y demostrando poco conocimiento del manejo de la economía. Habrá recuperación si se permite que los sectores productivos cumplan con su responsabilidad, tomando los riesgos propios al desarrollo de los negocios, ofertando sus productos aquí y allá, y creando empleo y prosperidad.

No hay que contar con el petróleo. Advertimos oportunamente que la bonanza de precios traería consigo su propia resaca, y que a final de cuentas el Ecuador es un país mejor si no depende del petróleo. Para lograrlo, hay que romper las cadenas de los impuestos antitécnicos que han distorsionado gravemente el uso de los recursos y alimentado un Estado obeso, cuya finalidad es velar por sus propios intereses. Y destacando lo positivo debemos anotar que bien está que se revisen las normas de los anticipos del impuesto a la renta para hacerlas concordantes con las circunstancias de los contribuyentes. Que se haya exhibido prudencia en la revisión de salarios. Que exista apertura para la inversión externa en la recuperación del campo Aucas. Y que se haya logrado obtener el apoyo de Colombia, Perú y del Parlamento Europeo para avanzar en el acuerdo de libre comercio que traerá nuevas oportunidades para el país. Son manifestaciones de lo que nunca se debió ignorar: ser miembro pleno de la comunidad internacional, entender el funcionamiento de los mercados, y nunca perder de vista que los intereses de las mayorías -que incluyen los de los consumidores, a tener oferta amplia, variada y accesible de bienes y productos- son los que deben marcar el norte de la política económica.

Hay terreno por recuperar. Debe adoptarse una política fiscal que sea sustentable, con fuentes de financiamiento idóneas y de amplio espectro; hacer el ‘marketing’ inteligente del país; brindar reglas claras del juego a los agentes económicos; y adoptar un estilo más incluyente de hacer política. El escogimiento de las opciones marcará, o bien un rotundo fracaso, o la capacidad para corregir lo que no funciona.