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Amor por Liga en Moscu
Jean Pierre Silva es un quiteño que vive en la capital rusa y es traductor en el Mundial. Hoy espera que los albos ganen la etapa.

Hace diez años, Jean Pierre Silva tenía todo listo para viajar a Brasil con su papá para ver a Liga de Quito en busca de la gloria ante Fluminense. La respuesta de su madre frustró su sueño. Si se iban, avisó, su padre no volvería a la casa y se divorciaría. Aquel es uno de los recuerdos que marcaron la vida de este joven quiteño de 20 años, que hoy vive en Rusia estudiando Ingeniería Hidroeléctrica en ruso y se alista para ver por internet el cotejo de esta tarde ante Guayaquil City tan nervioso como entonces.
Su vida se construyó en base al elenco albo. Su progenitor formó parte de las inferiores, como él mismo, ya que llegó hasta la reserva, coincidiendo con Djorkaeff Reascos, el hijo de Néicer. No cumplió la meta que se propuso, en parte porque “hay muchos que tienen ayudas externas” y porque su familia siempre lo impulsó a estudiar. Eso lo llevó a Moscú.
Está en tercer año en la Universidad Amistad de los Pueblos, la que más extranjeros recibe de la enorme urbe moscovita, y allí conoció amigos de países como Sri Lanka, “que ni sabía que existía”, se enamoró de Maria, una joven local a la que ya llevó al Ecuador de vacaciones por Quito, Baños, Machala, Guayaquil y Manta, y se sorprendió con un país que “no tiene nada que envidiar a los Estados Unidos”. Pero lo que no cambió fue su pasión por el Rey de Copas.
Incluso a su pareja ya le hizo de Liga y le regaló la camiseta. Le dio “rabia” perderla y no poder “posar hoy con ella (la camiseta)”, pero fue María quien se la pidió y no pudo negarse. Un hecho que describe su pasión cimentada en sus visitas cotidianas al Rodrigo Paz. “Siempre he ido al estadio, vivo cerca. Me acuerdo de Tin Delgado, de Manso, el tiro a Van der Sar, el partido con el Madrid”, inicia a enumerar. Pero se detiene.
Prefiere contar el de la gran final de 2008. “No habíamos podido viajar, pero fuimos a un hotel, yo tenía diez años. Me acuerdo de estar encima de una mesa, saltando encima de mi padre, la gente lloraba y luego fuimos a la pileta. Una imagen de absoluta felicidad”, describe, diez años después.
“Justo lo dijo Paz. Después de 10 años uno se da cuenta de lo difícil que es conseguir que se repita, lo difícil que es ganarla y la gloria que deja”. Él lo sabe bien, ya que a través de su tío, que vive en Ventanas, pudo conocer al Pato Urrutia y tuvieron una conversación que le marcó. “Me contó que su penal lo tenía ya visto, que lo había pensado muchas veces y estaba seguro de tirarlo al centro y fuerte. Decía que al levantar la Copa pensó que no iba a tener fuerza, que tenía los pies fríos y la piel de gallina... Al escuchar eso, sentí un frío en el corazón”.
Ahora siente “algo de rabia” por vivir tan lejos y no poder disfrutar de su equipo, más aún en estos momentos de entusiasmo por el cercano triunfo de etapa. Hoy se juntará con Jean Carlos, un amigo de Portoviejo con el que comparte colores, para sintonizar el cotejo en alguna página de internet. Y, si logran el objetivo, se pegará “una borrachera bien buena acá”, para celebrar que tres años después al menos regresarán a una final.
“Desde que Sampaoli nos ganó la final de la Sudamericana nos tocó perder, no hemos vuelto a ganar nada que era a lo que nos acostumbraron”, analiza el joven ecuatoriano que habla un perfecto ruso, ya que los estudios los cursa en este idioma tras pasar un primer año aprendiéndolo.
Como muchos otros latinos, Jean Pierre está trabajando durante este Mundial como traductor para medios en español. En su caso lo hizo para Gol Caracol de Colombia, hasta que los cafeteros se eliminaron. Si bien no tenía credencial y no podía entrar a los estadios, sí viajó a Kazán para el Colombia vs. Polonia y disfrutó de la fiesta del fútbol.
No dudaba cuando se le preguntaba sobre su favorito: Brasil. Le va a Neymar, aunque su jugador preferido es Cristiano Ronaldo y manda un recado a Messi: “Le faltan huevos, le falta decir a sus compañeros ‘vamos a perder, métanle todo’”.
Sin embargo, en el transcurso de la conversación se va decantando poco a poco por el anfitrión. Sería “una fiesta enorme” en la capital, su novia estaría “loca” y “declararían fiesta nacional”, por lo que imaginar semejante fiesta le quiebra su corazón sudamericano. Antes que nada, de cualquier forma, lo más importante es que su Liga gane la etapa hoy. Si lo consigue, dice, está seguro de que serán campeones.