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AMLO: la tercera es la vencida
Para la política, para el juego o para el amor, hay un momento de no retorno, como lo advierte la canción clásica de José Alfredo Jiménez: “esta noche te vas de a de veras”. Para el éxito o para el fracaso, la vida sigue siendo “la ruleta en que apostamos todos”. Así lo ha entendido el candidato triunfante, hasta el momento, para las elecciones mexicanas de 2018, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, líder de las izquierdas reconstruidas, aspirante por tercera vez a la banda presidencial que reza “Sufragio efectivo, no reelección”.
Derrotado en 2006 por el panista Felipe Calderón; en 2012 por el priísta Enrique Peña Nieto, AMLO, El Peje, caudillo mesiánico, cuyos referentes morales son el general Lázaro Cárdenas (1934-1940), el expresidente chileno Salvador Allende y el dictador Fidel Castro, tiene hoy a su favor vientos que no le favorecieron en las anteriores contiendas, como los dicterios del presidente Trump contra México, sus leyes contra la inmigración y su famoso muro que más bien fomentan el nacionalismo indignado y la búsqueda de un líder que se pronuncie contra el atropello del vecino del norte. Por supuesto, pesan también a su favor el fracaso contra la corrupción del actual gobierno y la violencia del narcotráfico que, por más que esté localizada en determinados estados, afecta a la imagen del país.
Jorge Castañeda y Jorge Zepeda Patterson coinciden en la posible victoria de AMLO, sin que por ello dejen de advertir las oscuridades del modelo que propone. Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos, resume, a partir de la lectura del último libro del candidato de las izquierdas reconstituidas: La salida. Decadencia y renacimiento de México (2018), su propuesta donde resuenan voces conocidas ya en América Latina, de que el pasado es la decadencia y se llama modelo neoliberal y, anuncia, si triunfa, el advenimiento de la “simple moralidad” y “algunas pequeñas reformas”. El énfasis está por supuesto en el desencanto y las pasiones que suscita: por eso, “esta noche te vas de a de veras”. ¿Quién o quiénes? Ese el problema.