America arde

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America arde

América del Sur está que arde. Los conflictos y revueltas sociales a lo largo del sur del continente son una constante, pareciera que se van dando la posta de un país a otro para el inicio de sus acciones desestabilizadoras. La última la tomó Colombia, donde han estallado enfrentamientos violentos con similares características a los ocurridos en Ecuador, Chile y Bolivia.

Los objetivos son los mismos, demandar correcciones económicas sociales, acompañados con la demanda de salida del gobierno de turno, aduciendo falta de atención a las necesidades populares. Todos han tenido altísimos niveles de violencia, junto a una importante destrucción de bienes públicos. El único país donde ocurrió el derrocamiento presidencial fue Bolivia, donde pusieron punto final al largo periodo dictatorial de Evo Morales.

Argentina y Brasil no han sufrido hasta ahora este tipo de embates, quizás el uno por tener un presidente recientemente elegido que despierta algún tipo de esperanza y el otro, sin tener nada garantizado, complicado con la reciente liberación de Lula, quien fuera un férreo promotor y acólito del régimen chavista, que aún mantiene asolada a Venezuela.

Muchos hablan de la teoría del caos controlado como herramienta geopolítica, otros de la incidencia de fuerzas criminales que buscan retomar el poder perdido para mediante la implantación del caos y pescando a río revuelto, volver a predominar en la región.

No son coincidencia ni son aislados los hechos que azotan la región. Están interconectados y responden a un plan bien orquestado para retomar por la fuerza el control que gradualmente han perdido durante los últimos anos.

Los gobiernos sudamericanos deben poner barbas en remojo y trabajar en unidades de inteligencia conjunta para analizar y detectar a los promotores subversivos de la oleada de levantamientos, con el propósito de neutralizarlos y aplicar los correctivos necesarios para que no utilicen a los grupos sociales como su cara para las protestas, con el simple propósito de encubrir sus acciones criminales con caretas populares.