Alas tronchadas

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Alas tronchadas

Los tiempos posmodernos han ido pincelando escenarios en algunos casos difíciles para la vivencia y ejercicio de una verdadera vocación. La búsqueda del cartón por el cartón meritocrático, la confusión de éxito y triunfo, entendiéndose éxito por dólares en el bolsillo, han vaciado profesiones y causado mella en la realización personal de más de uno.

En efecto, no es extraño escuchar de padres, amigos o parientes el desaconsejar a un joven el seguir una carrera educativa: ¡profesor, ni muerto! ¿De qué vas a vivir? Yo no te he criado para que seas sirviente. Son solo unas ideas, entre otras, que se le sueltan a un hijo cuando manifiesta su deseo de educar.

Así se tuercen vocaciones, se tronchas alas, porque en este tiempo es más importante conseguir dinero que prestigio, vivir bien, aquí y ahora, antes que trascender en la realización de una vocación y en el trabajo que garantice satisfacción. Así se vaciaron facultades de filosofía y se redujo a la mínima expresión el grupo de gentes que trabajarían con entusiasmo y entrega antes que a destajo.

Es importante replantearse, aun en familia, la urgencia de conseguir educadores que, entregándose día a día, se dejen en sus alumnos y sean capaces de dar lo mejor de sí para conseguir el desarrollo y los logros de estos, que solo podrán obtenerse a partir de docentes preparados y entregados a vivir la cátedra de manera plena.

La calidad humana del docente solo se manifiesta cuando surge del deseo casi innato de formar y del hacer del trabajo una misión cotidiana que sacar adelante y que solo encuentra satisfacción en el triunfo del alumno.

Enseñar y aprender son instancias indivisibles, inseparables, que no solo se logran con el conocimiento del uno y la curiosidad del otro, sino que reclaman afectos y emociones y por supuesto, encuentro y motivación personal recíproca entre el profesor y el alumno; aquel porque no enseña sino hasta cuando el otro aprende y este porque aprende a partir del entusiasmo y pasión que descubra en su profesor.

No tronchemos alas o veremos a robots haciendo de pedagogos.