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Agricultura robotica
El británico Thomas Malthus sostuvo en 1798 que la humanidad tendría corta vida por no haber suficiente comida para alimentar un mundo con población creciendo geométricamente. Ponía de ejemplo el incremento poblacional en Estados Unidos. Era respuesta a los utópicos, que afirmaban que la vida del ser humano podía y debía ser de mejor calidad. Él desconocía la importancia de la productividad -tiene que ver con hacer más con los mismos recursos.
Hasta fines del siglo XVIII muy poco se conocía sobre ella. La Revolución Industrial tenía menos de medio siglo de haberse iniciado; los inventos de maquinaria apenas habían comenzado. La humanidad había alcanzado 1.000 millones de personas desde que surgieron los “homo sapiens” hasta 1800; se duplicó a 1930; volvió a duplicarse en 1974 y en pocos años se volverá a doblar, llegando a 8.000 millones de personas en 2020. Si al momento Malthus estuviera vivo se sentiría muy incómodo.
En los años setenta, el Club de Roma presentó unas proyecciones fatídicas. Las conclusiones incluían que la mayoría de los minerales se agotarían en las primeras tres décadas de este siglo. Otra equivocación.
Todavía hay estudiosos que sostienen que el futuro es lúgubre por el crecimiento poblacional. Hoy estamos viviendo una nueva revolución: la robótica. Productores de maquinaria agrícola como John Deere y otros ya están vendiendo equipos agrícolas robotizados: tractores, cosechadoras, etc. Son maquinarias de una precisión extraordinaria, como la cosechadora de uvas, fruta que es muy delicada. En ganadería también hay logros. En pocas décadas las haciendas tendrán muy poca actividad humana, como actualmente es en la industria del automóvil en Japón.
Estos avances, sumados a los de fertilizantes y semillas, llevarán a la actividad agrícola a niveles de productividad nunca antes logrados.
Con innovación y creatividad, no hay que temer. Son cualidades que escasean en nuestra región. ¿Qué clase de vida hubiera tenido la humanidad sin los países industrializados?