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Otto Sonnenholzner, en el momento en el que sale de las oficinas de la Vicepresidencia.RENÉ FRAGA / EXPRESO

Las cifras evidencian una importante reducción de gastos en la Vicepresidencia

En los diálogos, una de las tareas designadas, hubo pocos avances. Su gestión se caracterizó por gastos a la baja

Es un cargo con funciones que varían según el personaje. La Vicepresidencia de la República, en la etapa de Otto Sonnenholzner, se caracterizó por retomar proyectos abandonados por el Gobierno anterior, por encaminar diálogos con pocos frutos y por reducir el excesivo gasto público que existía en la entidad.

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Sonnenholzner entró a la Vicepresidencia en diciembre de 2018. Luego de que Lenín Moreno descubriera que la “mesa no estaba servida” y que el Gobierno gastaba más de lo que tenía. En manos del segundo mandatario estuvo frenar los abusos en su entidad. Pasos que no se dieron en la era de María Alejandra Vicuña y mucho menos cuando el sentenciado Jorge Glas estuvo frente a la institución.

El acto simbólico más importante fue la entrega, en sus primeros tres meses de gestión, de un edificio que la Vicepresidencia tenía en el centro histórico de Quito. No donde funcionaban las oficinas centrales, se trataba de una instalación en la que permanecían, en su mayoría, choferes y personal administrativo.

La entrega respondió, en parte, al gasto excesivo que representa mantener un edificio, pero también a que se redujo el tamaño de la Vicepresidencia. En 2017, por ejemplo, la entidad tenía 226 funcionarios. Con Vicuña ese número se redujo a 197 burócratas. Una cifra aún alta porque en 2019 se bajó a 123 empleados públicos (103 menos de los que tenía a su disposición Glas).

Reducir el número de burócratas bajó también otros gastos. De 49 vehículos oficiales, por ejemplo, se pasó a 18. Y de gastar 161.000 dólares en contratos de Internet y telefonía móvil se llegó a menos de 48.000 dólares.

En términos generales, el presupuesto de la Vicepresidencia de la República tuvo tres momentos. Con Glas se presupuestaron 6,2 millones de dólares al año. Con María Alejandra Vicuña el gasto bajó a casi 5,2 millones. Finalmente, con Sonnenholzner ese rubro pasó a 3,6 millones de dólares para 2020.

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En otras áreas, sin embargo, no hubo resultados tan positivos. El ahora exvicepresidente debía orquestar los diálogos para recuperar, entre otras entidades, al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Él escuchó a Paúl Granda, expresidente del Seguro, hablar de crisis y de una urgencia para salvar los recursos de los afiliados. Pese a los eventos y anuncios, no hubo resultados concretos.

Lo dicho provoca que hasta la fecha, el IESS tenga su sostenibilidad en riesgo y el Ejecutivo no entregue los recursos necesarios. Tampoco hay reformas en marcha.

Sobre las obras, desde su llegada al poder, en diciembre de 2018, Sonnenholzner generó un vínculo con el Servicio de Contratación de Obras (Secob) para reactivar la construcción de viviendas, hospitales y escuelas. Eran proyectos que se iniciaron en la administración de Rafael Correa y que se promocionaron pero no se concretaron.

La mayoría arrancó cuando el correísmo aprovechó el auge del precio del barril de crudo. Esa bonanza duró poco y también la intención de terminar proyectos. Cuando el precio del petróleo cayó, la autodenominada revolución ciudadana dejó iniciativas a medias.

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Incluso en los primeros años del mandato de Moreno se detectaron obras que no tuvieron continuidad. Ahí entró Sonnenholzner y concluyó las construcciones. En entrevista con EXPRESO en marzo de 2019, aseguró que en gran cantidad de planes faltaban detalles que se solucionaron de inmediato.

También aprovechó para responder a quienes aseguraban que solo terminó obras de Correa. “El expresidente no puso dinero para esas obras, son proyectos de los ecuatorianos, no de una persona”.