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Adios al mas grande
El mundo echará de menos a Mohamed Ali, la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero.

El mundo echará de menos a Mohamed Ali, la voz más grande dentro y fuera del cuadrilátero, defensor de los derechos civiles y de la no violencia, el hombre que cambió el boxeo con leyes más justas, y que falleció la noche del viernes en un hospital de Phoenix, a los 74 años.
Su muerte trascendió lo cotidiano, como sucede cuando fallece una leyenda. Desde presidentes, políticos, empresarios, activistas sociales y hasta el más humilde boxeador, todos rindieron homenaje a ‘The Greatest’ (El más grande), como él mismo se proclamó en su autosuficiencia juvenil, y que la historia confirmó por sus acciones.
El mismo Ali que deslumbró al mundo con su boxeo no convencional para la época, sus bravuconerías y salidas de tono para aumentar la venta de entradas a sus peleas, fue el hombre que se negó a ir a la guerra de Vietnam “para no matar semejantes”, dijo, y se convirtió en un pacifista y luchador por los derechos civiles.
Hizo temblar el establishment con su forma de ser y llevó el boxeo a otra dimensión, lo que marcó el comienzo de la era de peleas millonarias por televisión.
Pero no le bastó con eso. Cuando los promotores inescrupulosos comenzaron a llevarse la mejor tajada del negocio, dejando a los boxeadores a veces en saldo negativo, Ali peleó en los tribunales y el Congreso estadounidense para sacar adelante en 1999 la “Ley de Reforma del Boxeo Mohamed Ali”, que protege los derechos y el bienestar de los boxeadores.
Sus acciones dentro y fuera del cuadrilátero dieron paso a las bolsas supermillonarias que hoy disfrutan muchos con menos talento y carácter.
Su vida fue una novela. La de un niño pobre y tímido que se metió en el boxeo a los 12 años, cuando un malhechor le robó su bicicleta. Llorando fue a hacer la denuncia y Joe Martin, el policía que lo atendió, lo convenció de que debía aprender a defenderse en lugar de quejarse, y se convirtió en su primer entrenador en el gimnasio Columbia, de Louisville.
Ali pasó sus últimos años devastado por la enfermedad de Parkinson, pero nunca se retiró de la vida pública ni tiró la toalla blanca al centro del ring en señal de rendición. En lugar de ello, inició una cruzada contra la enfermedad, una más en la lista de las batallas de su vida extraordinaria.