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Accidentes y quejas por los retornos viales de La Puntilla

Los conductores apuntan a que están mal construidos. Son cuatro los que generan las molestias, que se incrementan en la noche por falta de señalética.

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De nada sirve ampliar la vía a Samborondón para dar espacio a los nuevos retornos si estos, además de estar mal construidos, no cuentan con señales adecuadas que adviertan de la presencia de nuevos carriles. Así piensa Andrés García, residente, respecto a una de las molestias que más aquejan últimamente en el sector.

Desde febrero pasado, cuando empezaron a levantarse (como lo publicó EXPRESO en una edición anterior), la ejecución de las obras complementarias al nuevo puente que une Guayaquil con La Puntilla y que incluyen la construcción de cuatro retornos de flujo continuo, ha sido la causa principal para que se generen varios accidentes de tránsito, según afirman conductores y residentes.

Tres autos se han quedado atascados desde entonces en los bordillos y hasta un motociclista falleció al chocar contra uno de estos, según manifiestan a EXPRESO.

Aunque el gerente de la Autoridad de Tránsito de Samborondón (ATS), James Casteline, lo desmiente y asegura que, a través de las cámaras de seguridad, se pudo confirmar que esa no fue la causa.

“Vimos cómo un carro, al cambiar de carril abruptamente, hizo que la moto se desequilibre y se impacte ahí sí contra el bordillo.... Pero este no fue en sí el causante”, afirma Casteline, aunque dice no tener el registro exacto de los siniestros generados directa o indirectamente por la obra.

EXPRESO solicitó esas cifras a la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE), que tiene a su cargo el control del tráfico en el sector, pero aunque aseguraron gestionar el pedido, hasta el cierre de esta edición no las proporcionaron.

Aun así, para César Merizalde y Natalia Cascante, habitantes de Entre Ríos que contabilizan esos cuatro incidentes -conforme a lo que han visto o la información que comparten en los chats-, estos evidencian falta de planificación.

“No tiene sentido absoluto cómo se ha trabajado con estos retornos. Y es que son una completa estupidez: son ridículos, enormes, con orillas larguísimas, parterres más anchos, que se comen parte de la avenida, y sin señalética en ningún lado. Por las noches o cuando llueve es imposible distinguir los bordes”, se queja Merizalde.

Mientras que el arquitecto y residente, Humberto Plaza, los cataloga como “muros asesinos”, al hacer hincapié en que los carriles están mal marcados.

“Tenemos ejemplos que sí son buenos, como los ubicados en la vía a la Costa o en la autopista Narcisa de Jesús en Guayaquil. No entiendo por qué no solo los copiaron”, cuestiona Plaza, al considerar que este es el resultado de la improvisación y el apuro.

Vía Twitter, donde las quejas son incluso diarias, usuarios como Francisco Franco y Pablo Escandón hacen un llamado a que el Concejo Cantonal intervenga. “Es vital que tenga incidencia para que los vuelvan a construir. Es cuestión de prevención. El Cabildo debe actuar”.

Sin embargo, al consultarle sobre este tema, el organismo ha dejado claro que el ente a cargo de los trabajos es la constructora Enlace 780, a cuyo gerente este Diario le solicitó una entrevista y le envió una serie de preguntas (que buscaban conocer incluso cuál es el costo del proyecto y los estudios previos efectuados en torno a este), pero no recibió respuesta.

Casteline, quien supervisa de cerca las labores, no obstante considera que el diseño de los retornos, que “siguen lineamientos norteamericanos que han sido aplicados a la realidad”, ofrece beneficios que le permitirán al conductor tener más fluidez.

Por medir ahora ocho metros el parterre, y no cuatro como antes, recalca, los vehículos pueden circular sin tener que invadir el carril, como lo han venido haciendo.

“La gente cree que nos hemos tomado parte de la arteria, cuando no es así porque sigue siendo de cuatro”, apunta. “Lo que pasa es que ahora los bordillos de entrada y salida son mucho más extensos (de casi 50 metros) y son rectos, lo que sirve incluso de carril de desaceleración porque al girar uno tiende a circular a 20 kilómetros por hora y al estar dentro del área protegida, uno puede ir aumentando la velocidad hasta igualarse con los que están fuera de la orilla”. Es seguro, defiende.

Y aunque urbanistas como Luis Alfonso Saltos, quien ha trabajado de la mano de las universidades de la zona para crear proyectos que apuntan a evitar los embotellamientos en el lugar, consideran que incrementar el radio de giro permite en efecto circular con más rapidez; cree que lo más oportuno o lo que se tuvo que hacer fue socializar la obra.

“El tema debió ser conversado con los presidentes de las ciudadelas, comerciantes y vecinos para conocer su punto de vista y analizar qué se podía mejorar. El diseño norteamericano que han aplicado es el correcto. Sin embargo, habrá que ver si lo adaptaron teniendo en cuenta cuáles son las zonas de mayor conflicto o las más cercanas a los pasos peatonales o las paradas de buses”. Si nada de eso hubo, la gestión fracasará, dice Saltos.

Por ahora Casteline y la CTE han solicitado a Enlace 780 que pinte y marque los carriles para orientar a los conductores, y que coloque tanques reflectivos hasta que la obra esté culminada en su totalidad.

“En un mes estará todo ya culminado. Tenemos entendido que algunas de estas acciones ya las están ejecutando”, advierte. Pero conductores como Valentina Altamirano, quien vive en Las Riberas, lo niega al asegurar que solo la semana pasada se salvó de darse contra uno de los bordillos. “No se veía nada. No había división alguna. Lo que dicen son mentiras”.

El amparo legal en caso de siniestros

A decir del abogado Kléber Sigüencia, si un conductor es víctima de un accidente en el lugar, ya sea porque faltó señalización o se comprueba que la obra fue mal ejecutada y que la persona no cometió una imprudencia; es deber de la constructora y de quien la contrató, en este caso del Municipio, responder por el daño. Eso sí, hace hincapié en que en el país ha habido más de un caso, pero estos procesos suelen ser tan largos que los querellantes suelen abandonarlos.

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