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El abuso a 44 ninos en el aula del terror
En eso deberá convertirse un aula de educación básica de un colegio ubicado al sur de Quito.
Un emblema contra la violencia infantil. En eso deberá convertirse un aula de educación básica de un colegio ubicado al sur de Quito, donde 44 menores de edad vivieron una pesadilla en manos de su profesor, tutor y dirigente, hace seis años.
La Fiscalía General del Estado logró -el pasado 23 de mayo- que jueces de la Sala Penal de la Corte Provincial de Pichincha ratificaran la sentencia que un tribunal de primera instancia emitió en contra de José N., acusado del delito de atentado al pudor en contra de niños de entre 9 y 10 años de edad.
El hombre -un contador- fue condenado a siete años de prisión y al pago de 10.000 dólares como indemnización a cada una de las víctimas.
La sentencia -revelada por la Fiscalía- determina además que el aula que ocupó el sexto y séptimo C -donde ocurrieron los hechos- deberá convertirse en salón exclusivo de audio y video para que se impartan charlas de prevención contra la violencia infantil.
A más de eso, tendrá que colocarse una placa con la leyenda: “En memoria de las víctimas de abuso infantil en el sistema educativo”.
El fallo dispone además que se notifique al Ministerio de Educación para que en el Estado se establezcan “políticas públicas para conminar a las instituciones educativas privadas de estándares más altos para el ingreso de personal docente y administrativo”.
La fiscal especializada en delitos de Violencia de Género, Mayra Soria, quien litigó el caso y lamenta que no exista la figura de atentado al pudor masivo para una mayor sanción, considera que es el reconocimiento al derecho a la verdad, a la reparación simbólica para las víctimas del abuso del poder, en el ámbito educativo.
Y así se lo pidieron los padres de las víctimas, que se conozca su verdad. El terror que vivieron sus hijos durante los periodos lectivos 2010-2011, cuando les tocaba escuchar la materia de Ciencias Naturales.
Durante las clases de sexualidad, José obligaba a los estudiantes a su cargo a ver películas pornográficas, bajo el discurso de que “estas son las relaciones sexuales, esto es lo que van a hacer de grandes” y después de verlas les obligaba a imitar las escenas, describe la Fiscalía.
Si algún niño se negaba, el profesor lo lastimaba con la punta del compás o le quemaba la piel con los morteros del laboratorio. La agresión quedaba detrás de las cortinas que -previamente- hizo poner a los padres en el aula, mientras los menores llevaban el televisor y el reproductor de video.
El individuo habría intimidado a los pequeños con matar a sus padres, a quienes visitaba en sus casas.