La abstinencia ya no es regla infalible

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La abstinencia ya no es regla infalible

Fieles admiten que no siguen todas las prohibiciones de fe que aprendieron de sus abuelos. El derecho canónico sugiere evitar comer carne. Otras restricciones tienen origen cultural

Los asaderos venden en Semana Santa como cualquier otro día. En la foto, la parrillada Toro Asado, el pasado Domingo de Ramos. En este local, aunque se vende carne, se acogen a la tradición y también preparan fanesca y pescado asado.

Se fue de casa con quien ahora es su esposo a los 16 años, un Viernes Santo, pero no permitió que la toque hasta después de la cuaresma. “Antes era así, uno no podía ni escuchar música, menos intimar con la pareja”, recuerda entre risas Azucena Suárez, de 60 años.

No comer carne, no bailar, no ingerir alcohol, no mantener relaciones sexuales y hasta no bañarse, “porque podías convertirte en pescado”, están en la lista de restricciones que eran infalibles en los que llama ‘sus tiempos’.

Pero los tiempos han cambiado. Luis Cabrera recuerda así la Semana Santa. “El viernes no se hacía nada, ni siquiera se podía barrer la casa..., en cambio ahora hasta se farrea. Hasta las discos abren...”.

Coincide con él Fernando Ramírez: “Soy católico por tradición familiar, pero no acojo ninguna de las recomendaciones. La fe va por dentro”.

Gerónimo Altamirano, de 33 años, cuenta que su abuelita le decía que no podía jugar, ni correr, ni golpear las puertas, “porque estaría golpeando la cruz de Jesucristo”. “Tampoco hacíamos bulla, porque se suponía que estábamos de luto... ni la televisión se prendía, excepto para ver las películas bíblicas”, describe este creyente, y admite que aunque intenta mantener viva algunas tradiciones, como visitar iglesias en Jueves Santo, a veces se olvida de la fecha y se come una hamburguesa, faltando al derecho canónico que manda a evitar el consumo de carne de res.

Aquello de las abstinencias depende de la familia. Diego Ruiz, por ejemplo, apenas tiene 23 años, pero vive la Semana Santa como en antaño, sin música y sin distracciones. “La parte reflexiva es primordial. El ayuno viene del alma, no de lo que comes o no”, opina.

Aquel concepto de sentimiento de luto en estas fechas es bíblico, explica el sacerdote colombiano Armando Gómez, del santuario del Cristo del Consuelo. “Jesús, en Mateo 9:15 dice: ‘...vendrán días en que el novio les será quitado, y entonces ayunarán’. De ahí que Israel ayunaba, por el luto de la crucifixión”.

Hay jóvenes que en cambio le dan un respiro a las redes sociales durante la Semana Santa. Se autorrestringen. Es el caso de Adriana Cruz, Antonio Fantoni y Dennise Salazar, de 25, 28 y 32 años, en ese orden. “Se supone que uno debe estar de luto, pero pierdes tanto tiempo chismeando ahí. “desde el jueves hasta el domingo ni las miro”, dice esta última.

El padre Armando explica que muchas limitaciones tienen un origen más bien cultural. “Se enseñó que el miedo a Dios era tanto que no se podía hacer nada. Eso ha ido cambiando con los años. Uno puede salir y compartir, siempre que no haya excesos”.

Ayuno, limosna y oración...

Durante la Semana Mayor, la Iglesia recomienda abstenerse de comer carne roja, sea pollo cerdo o res, resalta el padre Jorge Cueva, de la parroquia Nuestra Señora de la Fuensanfa.

Aunque no está escrito en la Biblia, también se pide a los fieles dejar hábitos como andar en redes sociales o ver novelas. “Solo así se participa de forma óptima en este tiempo de reflexión”.

Aconseja también ofrecer ayuno, dar limosna y mantenerse en oración.