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Han pasado tres semanas y nada. El 1 de septiembre El Comercio y Expreso publicaron una noticia que no ha causado escozor. Ninguno. Tres semanas y no hubo (ni habrá) reacción a este hecho: Ecuador recibió $500 millones del banco Goldman Sachs y como garantía entregó bonos por $1.201 millones.
¿Cómo dice que dijo? Que nos prestaron $500 millones y que a cambio dimos -como garantía- bonos por el 240 % de la deuda. Mucho más del doble... ¿Se imagina usted que presta $10.000 a un banco y este le pide a cambio un pagaré por $24.000 por si Ud. no paga en el plazo fijado? ¿Lo firmaría?
Quizás sí: a lo mejor la llaga es profunda y debe curarla como sea. Pero sabría, al firmarlo, que más le valdrá pagar o el banco ejecutará la garantía. Sabría, sin necesidad de ser economista, que está tomando una obligación de esas que un ciudadano común llama por su nombre: deuda de chulco. ¿Y cuándo el chulco ha sido mejor que la enfermedad?
Eso hizo el Gobierno: firmó una a 4 años plazo, sabiendo que quien deberá honrarla será el próximo Gobierno. O el siguiente. Total, Lenín Moreno no será el único presidente que patee deudas hacia adelante. Lo mismo hizo ese “gigante de América Latina” como él le llamaba, tan amoroso, al que le (nos) dejó la mesa inservible. Que pague el que venga. A ellos les resulta fácil porque sus gobiernos duran 4, 5, 10 años. Somos los pendejos que pagamos la cuenta los que solemos durar más.
Es verdad: si se paga todo y a tiempo, nada pasará. Serán $500 millones más intereses. Pero nuestro historial de deudores es pésimo: es precisamente por eso, por ser malos pagadores, por tener el riesgo país en el sótano (y un Gobierno que hace poco por enmendarlo) que los bancos nos exigen garantías que apestan a usura. Si no pagamos, nos ejecutarán por el 240 % de la deuda.
¡240 por ciento! Y-no-pa-sa-na-da.
Platón dijo que “la obra maestra de la injusticia es parecer justa sin serlo”. Una obra maestra de los políticos es firmar deudas ¿chulqueras? sin que nadie les diga nada. Nadie. Ni siquiera unos pocos de los millones (sí: de pendejos) que en realidad pagaremos la cuenta.