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2020: El año del suicidio

La pandemia agravó los problemas de salud mental, que pueden deriva en suicidio. El 75% de los casos en el país se dio por ahorcamiento

192 jóvenes entre 12 y 17 años de edad fallecieron en 2016 por suicidio. El 56,7 % de este universo era hombre.

La idea del suicidio es, para Tania, un fantasma que aparece en los peores momentos de la vida. A la joven, de 34 años, ese monstruo volvió a susurrarle en el oído que su vida no servía en 2019. La primera vez que intentó matarse fue a los 11. De aquel momento solo recuerda los tres sorbos de insecticida que, luego de unos minutos, solo provocaron ardor y vómito profuso.

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La cotidianidad empezó a maquillar con los años esa depresión que fue creciendo y explotó una tarde en la que, subida en una silla y con una soga atada a una viga de su casa, escuchó que tocaron a la puerta. Era su novia, quien la rescató y la instó a buscar ayuda psicológica.

Recibió medicación, empezó una vida saludable y a hacer ejercicio. A ella le funcionó y es lo que le permitió ahuyentar al fantasma que ha inflado las estadísticas de suicidios de 2020.

La muerte tocó al primer año de la pandemia. Pero no solo por el exceso de fallecimientos por la COVID-19, sino porque además, desde 2015 es el año en el que más personas decidieron quitarse la vida en Ecuador. Según registros de la Policía Nacional, 1.201 personas se suicidaron en 2020.

Para Christian Arias, psicólogo clínico y vocero de la agrupación Crianza Respetuosa Ecuador, esto no es extraño. En toda su carrera profesional, jamás había atendido tantos casos de depresión como en 2020 y lo que va de 2021. La depresión es la antesala del suicidio, apunta.

De hecho, hasta el 24 de marzo del presente año, en el país hubo 298 casos de autoeliminación. Los más recientes fueron los de dos parejas de jóvenes en Guayaquil y Quito. La primera fueron dos médicos que se habrían quitado la vida a causa de problemas depresivos en el Puerto Principal.

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Los cadáveres de Renato Joshymar Rodríguez Mallea y Tatiana Lisbeth Calderón Pilligua, de 30 y 29 años, respectivamente, fueron hallados la mañana y tarde del pasado 13 de abril en la ciudadela Kennedy. Él estaba en su domicilio con un suero en uno de sus brazos y ella fue hallada en un hotel con una jeringa en una extremidad. Se habrían suministrado una sustancia.

“Todo comienza por el estrés. Clínicamente, la depresión no surge inmediatamente. Primero se manifiesta con el estrés, luego la ansiedad”, explica.

Las causas no son tan complicadas de entender, añade Arias. Los seres humanos son seres sociables y en este año eso se ha limitado. Lo más grave es que las personas están expuestas a un entorno convulsionado por la pandemia en el que incluso, no solo tienen que soportar la muerte, sino una muerte sin despedidas.

La segunda fue una pareja de la capital, Luis y María, quienes habrían pactado quitarse la vida en un hotel, a causa de una supuesta depresión y también inyectándose medicamento.

Según las estadísticas policiales, la intoxicación es la segunda forma más común que tienen los ecuatorianos para ejecutar esta decisión. Entre 2015 y 2021, 1.094 personas lo hicieron de esta manera. El año pasado, 150, de las 1.201 se intoxicaron.

La forma más recurrente es el ahorcamiento. Desde 2015 a marzo de 2021, 5.191 personas fallecieron así. Solo el año pasado fueron 905, es decir, el 75 % de los casos. Así murió Mercy Morocho el 30 de diciembre de 2020, en Cuenca.

La mujer de 32 años fue hallada muerta junto a sus mellizos, de apenas tres meses de nacidos.

Los primeros datos policiales indicaban que ella habría asesinado a sus vástagos, un niño y una niña, y luego se habría ahorcado en su vivienda. Azuay lidera a las provincias con mayor número de casos en el país. El año pasado es cuando más suicidios hubo, con un total de 127.

La policía separa a Guayaquil y Quito con estadísticas fuera de las provincias, pues estas dos ciudades son las que más suicidios tienen. Durante el primer año de la pandemia, en Guayaquil se mataron 139 personas y, en Quito hubo 210 autoeliminaciones.

Femicidios y suicidios

Manabí es la segunda provincia, con 89 registros en 2020, con el mayor número de casos de suicidios en Ecuador, pero esta provincia tiene una particularidad: los suicidas, por lo general, son hombres que han tomado esta decisión tras asesinar o atacar a sus parejas mujeres. De los cuatro reportajes que han sido publicados por EXTRA de autoeliminaciones en Manabí, tres han tenido estas características.

El primer caso reportado por este Diario ocurrió el 2 de marzo de 2020, cuando fueron hallados los cadáveres de María Monserrate Pérez Santana, de 28 años, y de Henry Leonardo Alonzo Anchundia, de 27 años, cuyo cuerpo fue encontrado junto al de la fémina en la misma habitación. Ocurrió en el cantón Jaramijó.

192 jóvenes entre 12 y 17 años de edad fallecieron en 2016 por suicidio. El 56,7 % de este universo era hombre.

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Según los reportes de Criminalística y la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida y Muertes Violentas (Dinased), la mujer presentaba excoriaciones y habría sido golpeada con un objeto. El hombre fue hallado con una soga alrededor de su cuello.

El último caso ocurrió en septiembre del mismo año, en el cantón Flavio Alfaro. Después de discutir con su conviviente y supuestamente golpearla, Gilber Fabricio Cedeño Mera tomó sus cosas y se marchó de la casa de sus suegros. Una hora después, lo hallaron colgado de un árbol de cacao.

Desfogar la violencia

La antropóloga Karen Andrade, profesora de la Universidad Central, analiza que en casos anteriores influye el entorno y las costumbres de las personas. Explica que, culturalmente, el hombre es quien ha desarrollado su vida, en su mayoría, fuera de casa; y la mujer, dentro.

“Aunque para todos es difícil la pandemia, para los hombres, que viven hacia afuera, recurrirlos a un ámbito en el que ellos no están preparados cultural y socialmente es como poner un gato en una botella”, ejemplifica. Por ello, estos actos de violencia contra otros y ellos mismos son un reflejo de desfogue.

Arias insiste a que esto se suma el lidiar con la pérdida, pero no solo la relacionada con la muerte, sino a otros ámbitos: perder un trabajo, estudios, viajes, actividades cotidianas, reuniones, relaciones sentimentales y afectivas, e, incluso, la intimidad.

“Muchos tuvieron que lidiar con las exigencias de sus labores combinadas con las tareas del hogar. Muchos colapsaron y colapsan con el teletrabajo. Mucho de ese estrés se refleja en la convivencia familiar. La casa se vuelve un caos y hay muchos menores de edad en depresión también”, lamenta.

De acuerdo a los datos de suicidios de la Policía, hasta el 24 de marzo de este año, 21 niños hasta los 14 años se suicidaron en el país. Desde 2015, se han autoeliminado 473. Las personas que más incurren en esta práctica en el país oscilan entre los 15 y los 24 años.

De mayo a noviembre del 2020, el Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia dio 488 consultas en el área de emergencia, por trastornos de ansiedad, episodio depresivo y trastorno depresivo recurrente. De estas, 307 fueron mujeres y 181 varones.

Mientras que, en el mismo periodo, en la consulta externa se trataron 6.397 consultas por estas mismas causas, siendo la mayoría mujeres con 4.087 atenciones y 2.310 varones, que fueron desde los 10 a mayores de 65 años. 

  • Luego de que ya se presenta la depresión crónica llega la ideación suicida. Es cuando solo lo piensa. Cree que su vida no tiene sentido y que el suicidio es la salida para terminar con los problemas.
  • Es cuando ya pasa al plano material, cuando la persona intenta llevarlo a cabo y falla. Es probablemente cuando más evidente es la depresión y es necesario dar primeros auxilios psicológicos.
  • Es prudente alejar a estas personas de información que pueda generarles confusión y malestar. Hay quienes se divierten pasando cadenas de WhatsApp, mensajes catastróficos en redes sociales que generan caos y desestabilización.
  • En una persona estresada, también se afecta el sistema imunológico. No es prudente ‘obligarse’ a estar bien, porque puede complicarlo.