Tesoros ocultos de Santa Clara: la exposición que abre al público 400 años de historia en Quito
Manuscritos, partituras, textiles y objetos cotidianos se exhiben por primera vez, en una muestra que permite recorrer la historia íntima del monasterio

una de las secciones más sorprendentes sea la de ensamblajes, donde se exhiben impresionantes obras hechas con trigo y cebada cultivados por las propias hermanas.
Un encuentro con la historia
- La exposición Un viaje interior. Tesoros del Monasterio de Santa Clara de Quito abre por primera vez al público manuscritos, partituras, textiles y obras creadas por las monjas clarisas durante más de cuatro siglos dentro del claustro capitalino.
- La muestra, organizada junto al Museo Casa del Alabado, también recorre la historia del monasterio y revela cómo las religiosas participaron en la vida artística, económica y cultural de la ciudad colonial.
Durante más de cuatro siglos, las puertas del Monasterio de Santa Clara permanecieron cerradas a la ciudad. Sin embargo, detrás de sus muros -levantados entre las calles Rocafuerte y Cuenca, en pleno Centro Histórico de Quito- las monjas clarisas construyeron un universo propio sostenido por la oración, el trabajo y una intensa creación artística que floreció en silencio.
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Allí se conservaron manuscritos, partituras, textiles litúrgicos, esculturas, pinturas y delicados ensamblajes de trigo y cebada que nunca antes habían sido exhibidos al público.
Hoy, por primera vez, parte de ese patrimonio sale a la luz en Un viaje interior. Tesoros del Monasterio de Santa Clara de Quito, una exposición organizada junto al Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado que permite entrar -literalmente- al mundo interior de las hermanas clarisas.
La muestra, explica Lucía Durán, directora ejecutiva del Museso Casa del Alabado, surgió como parte de la relación construida entre el monasterio y el museo a lo largo de los años. “El monasterio y la casa donde funciona el Alabado han convivido por cuatro siglos. Esta idea de vecindad se renovó desde que el museo abrió sus puertas en 2010 y empezamos a trabajar en la recuperación de la plaza de Santa Clara”, señala.
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El vínculo comenzó con las ferias comunitarias organizadas por el museo en la plaza. Allí, las hermanas vendían sus bizcochos, hostias y dulces junto a artesanos, sombrereros y bordadoras del sector.
Con el tiempo, esa relación derivó en un trabajo más amplio de recuperación del espacio público y fortalecimiento comunitario, hasta que surgió la idea de que el claustro también formara parte activa de la memoria del barrio y de la ciudad.

La sala de textiles reúne casullas, dalmáticas y ornamentos bordados con hilos de oro y plata, terciopelos, sedas y pedrería.
Una evolución inesperada
Fundado oficialmente el 19 de noviembre de 1596, Santa Clara es el segundo monasterio más antiguo de Quito y el más grande de los monasterios femeninos de la ciudad. Su historia comenzó con Francisca de la Cueva, una adinerada viuda que impulsó la creación del claustro junto a sus hijas y siete religiosas. Y aunque en las primeras décadas el monasterio albergaba a unas veinte monjas, para el siglo dieciocho la comunidad llegó a reunir a cerca de doscientas religiosas.
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Hasta inicios del siglo diecinueve, la orden administró la hacienda de Tolontag, un extenso territorio que les permitía autosustentarse y financiar obras de caridad. Sin embargo, esa estabilidad se transformó con la llegada del liberalismo y la pérdida de las haciendas religiosas, un cambio que, con el paso del tiempo, se profundizó también por la disminución en el ingreso de nuevas monjas.
Actualmente catorce hermanas clarisas viven en el monasterio y el mantenimiento del enorme complejo patrimonial les resulta difícil de sostener.
La exposición, añade Durán, surgió también como una forma de apoyar directamente la conservación del monasterio y la vida cotidiana de la comunidad.
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El proyecto tomó cerca de nueve meses de investigación y convivencia dentro del claustro. Durante ese tiempo, Durán recorrió pasillos, huertas, cocinas y espacios de oración, revisó archivos históricos y trabajó junto a las religiosas para decidir qué piezas podían exhibirse.
“Todo lo que está ahí fue conversado con ellas. Fue un proceso muy íntimo de curaduría conjunta”, explica.

El monasterio de Santa Clara fue fundado en 1596 y es uno de los más antiguos de la capital. Llegó a albergar hasta a 200 religiosas.
Un recorrido por el pasado
El recorrido arranca en la puerta del monasterio, donde los visitantes ingresan en silencio absoluto, para no perturbar la cotidianidad del espacio de clausura. Allí, una serie de fotografías en blanco y negro muestra escenas actuales de las hermanas trabajando en la huerta, cocinando, interpretando instrumentos musicales o rezando, trazando un puente entre el presente y una tradición que se mantiene viva.
La segunda parada es la sala dedicada a la historia del monasterio. En este espacio se exhiben documentos fundacionales de 1596, esculturas religiosas, pinturas coloniales y uno de los mayores tesoros de la muestra: La Perla Mystica, un manuscrito escrito entre 1700 y 1718 que recopila los diarios de Sor Gertrudis de San Ildefonso, considerada una de las primeras escritoras y músicas de Quito.
Los tres tomos originales contienen relatos sobre la vida monacal, experiencias místicas, conflictos internos del monasterio e incluso referencias a la vida cotidiana de la ciudad. También incluyen partituras religiosas que fueron investigadas y grabadas junto a la Fundación Inconcerto y el Teatro Nacional Sucre, cuya sonoridad acompaña el recorrido dentro de la sala.

La muestra incluye la exposición de impresionantes reliquias que no habían sido exhibidas previamente.
Uno de los espacios más íntimos de la exposición es el llamado Mundo interior, donde aparecen objetos personales de las religiosas: libros de formación, muñecas antiguas, cartas, utensilios cotidianos y registros económicos de las haciendas administradas por las clarisas durante siglos.
La muestra también revela cómo el monasterio participó activamente en la economía de la Quito colonial, ya que haciendas como Tolontag y Urauco producían cal, madera, quesos y cereales, e incluso financiaban propiedades mediante censos e hipotecas. Parte de la piedra utilizada en la construcción de la iglesia de La Compañía de Jesús provino de tierras pertenecientes a las clarisas.
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La belleza de la creación
Más adelante, el recorrido entra en el universo de la creación artística femenina. La sala de textiles reúne casullas, dalmáticas y ornamentos bordados con hilos de oro y plata, terciopelos, sedas y pedrería. Muchas de estas piezas fueron elaboradas dentro del claustro hasta bien entrado el siglo veinte.
Pero quizá una de las secciones más sorprendentes sea la de ensamblajes, donde se exhiben impresionantes obras hechas con trigo y cebada cultivados por las propias hermanas. Las fibras eran tinturadas, tejidas y convertidas en delicadas piezas litúrgicas que mezclan tradición religiosa y estética popular andina.

La muestra también incluye fotografías de la vida cotidiana en el claustro.
“La creación dentro del monasterio fue también una forma de libertad”, dice Durán. “Era uno de los pocos espacios donde las mujeres podían escribir, hacer música, bordar, pintar o crear arte en la colonia”.
La última sala propone una pausa más silenciosa. Allí, una antigua Virgen barroca observa a los visitantes mientras la exposición plantea una reflexión sobre el mundo interior y el valor de detenerse en medio de la velocidad cotidiana.
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“La gente entra y se desconecta un poco del mundo de afuera. No solo viene a ver tesoros; también encuentra un espacio para pensar sobre la vida”, comenta la curadora.
Cómo visitar la exposición
La exposición Un viaje interior. Tesoros del Monasterio de Santa Clara de Quito se visita únicamente bajo reserva previa, debido a que el monasterio continúa siendo un espacio de clausura.
Los recorridos se realizan los martes, jueves y sábados, a las 10:00 y 15:00, con grupos reducidos de máximo 14 personas. La experiencia dura aproximadamente 45 minutos y tiene un costo de $ 8.
El punto de encuentro es el Museo de Arte Precolombino Casa del Alabado, en el Centro Histórico de Quito, donde también se adquieren las entradas. Las reservas pueden hacerse escribiendo al correo educacion@alabado.org.