SAN FRANCISCO DE ASIS
Los restos de San Francisco de Asís se exhibieron por primera vez en 800 años como parte del festejo por el Año Jubilar del santo.Cortesía

El jubileo de San Francisco de Asís llega a Ecuador con rutas y peregrinación

La celebración incluye exhibiciones inéditas y un encuentro con el pasado franciscano en la capital

En la penumbra de la iglesia inferior de la Basílica de San Francisco de Asís, el habitual silencio sepulcral se volvió un murmullo expectante cuando, a las cuatro de la tarde del 22 de febrero pasado, los restos de San Francisco de Asís fueron trasladados desde la cripta hasta los pies del altar papal. La escena -inédita en ocho siglos- reunió a fieles y visitantes que avanzaban lentamente, casi en procesión, para observar una urna de cristal que, por primera vez, exponía al público lo que durante siglos permaneció oculto.

La respuesta fue inmediata y masiva. En pocas semanas se registraron cientos de miles de reservas -alrededor de 400.000 personas- para acceder a la basílica durante la exhibición. “Paradójicamente, es precisamente en la banalidad de estos pocos huesos que quedan donde captamos el significado: Francisco, con estos huesos tan deteriorados y desgastados, da testimonio de que lo dio todo. Puede ser una experiencia significativa tanto para creyentes como para no creyentes”, explicó fray Giulio Cesareo, director de comunicaciones del Sagrado Convento de Asís.

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Nacido como Giovanni di Pietro di Bernardone, San Francisco de Asís fue hijo de un comerciante acomodado en la ciudad italiana de Asís. Su vida dio un giro radical al abandonar la riqueza para abrazar la pobreza y una existencia marcada por la observancia del Evangelio. Fundador de la Orden Franciscana, así como de las clarisas y la Tercera Orden, su figura se convirtió en una de las más influyentes de la espiritualidad cristiana. Su experiencia religiosa, austera y profundamente simbólica, incluyó episodios como la creación del primer belén viviente en Greccio y la tradición de los estigmas, que lo sitúan en el centro de la devoción medieval y contemporánea.

A ocho siglos de su muerte, la Iglesia católica ha articulado una conmemoración global. El papa León XIV proclamó el Año Jubilar Franciscano, que se extenderá hasta el 10 de enero de 2027, como un tiempo de gracia vinculado a este aniversario.

Claves particulares del Año Jubilar

Según la Iglesia católica, un Año Jubilar se entiende como un tiempo extraordinario de gracia, marcado por la peregrinación, la conversión y la reconciliación. Este tipo de celebraciones se instituye en torno a fechas significativas y busca actualizar el sentido espiritual de una figura o acontecimiento, invitando a los fieles a renovar prácticas de fe vinculadas a la oración, los sacramentos y la vida comunitaria.

En este caso, el jubileo se articula como una conmemoración del tránsito de San Francisco de Asís de la vida hacia la muerte. El decreto, emitido por la Penitenciaría Apostólica, establece la posibilidad de obtener indulgencias plenarias, una práctica que, según la doctrina católica, implica la remisión del castigo temporal asociado a los pecados ya perdonados. Esta se concede a quienes cumplan las condiciones habituales: confesión, comunión eucarística y oración.

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En esa misma línea, se precisa que los creyentes podrán acceder a esta gracia “peregrinando a cualquier iglesia conventual franciscana o a un lugar de culto dedicado a San Francisco en cualquier parte del mundo”.

El Año Jubilar se inscribe, además, en un ciclo de conmemoraciones que recuerda distintos hitos de la vida de San Francisco de Asís, como la redacción de la Regla -el documento definitivo que establece la vida de la Orden Franciscana-, la creación del pesebre de Greccio o la experiencia de los estigmas. Su sentido, según los documentos oficiales, apunta a una renovación espiritual asociada a valores como la pobreza, la fraternidad y la paz.

“En un mundo en el que ‘lo virtual prevalece sobre lo real, las disputas y la violencia social forman parte de la vida cotidiana y la paz se vuelve cada día más insegura y lejana’, el Año de San Francisco invita a los fieles a imitar al poverello de Asís y a formarse según el modelo de Cristo”, recoge el decreto.

IGLESIA SAN FRANCISCO
En la capital, la Iglesia de San Francisco, en el Centro Históricos, es uno de los puntos claves del recorrido que se lleva a cabo por el Año Jubilar.Cortesía

Además de las peregrinaciones, el jubileo contempla la participación de quienes no pueden desplazarse. “Los ancianos, enfermos y quienes por motivos graves no puedan salir de casa podrán obtener la indulgencia plenaria uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo a Dios sus oraciones, dolores o sufrimientos”, se precisa.

San Francisco en Ecuador

La presencia de la Orden Franciscana en el territorio ecuatoriano se remonta a 1535, poco después de la fundación de Quito. Desde entonces, su influencia ha marcado la vida religiosa, educativa y cultural. Entre los primeros frailes destacó fray Jodoco Rique, quien participó en los procesos de evangelización y en la creación de espacios de formación.

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Un aporte importante fue el colegio San Juan Evangelista, donde estudiaron indígenas y españoles. Allí se enseñaba arte, música y teología, convirtiéndose en uno de los primeros centros de educación formal de la Real Audiencia de Quito.

La huella franciscana también se refleja en la construcción del conjunto de la Iglesia de San Francisco, templo, convento y plaza, levantado entre los siglos XVI y XVII. Desde este lugar se impulsaron talleres y oficios que darían origen a la Escuela Quiteña, caracterizada por la fusión de técnicas europeas con saberes locales.

Hay mucho cariño hacia San Francisco de Asís”, señala fray José Tandazo, al destacar la larga presencia franciscana en Ecuador.

Visitar los templos

En el país existen veinticuatro iglesias de la orden franciscana que forman parte de la celebración del Jubileo. Quito concentra el mayor número de estos espacios, con la Iglesia de San Francisco como uno de los principales referentes, ubicada en el corazón del Centro Histórico.

A este circuito se suman otros templos y comunidades religiosas en la capital, como la parroquia Jesús el Buen Pastor, en el sector de la Kennedy; el monasterio de Santa Clara, fundado por la orden de las clarisas; y el Monasterio Concepcionista Virgen del Buen Suceso, perteneciente a la Orden de la Inmaculada Concepción. Estos espacios también se integran a las prácticas jubilares.

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El emblemático barrio colonial de Guápulo cuenta con íconos como su iglesia, que data de 1620, y un museo. Es parte de la ruta de fe.Foto: Leonardo Velasco

Un recorrido por la fe

En Quito, además de las celebraciones litúrgicas, se impulsa la llamada Ruta Franciscana, una propuesta que articula recorridos por museos y conventos vinculados a la orden, como una forma de acercar a los visitantes a su historia, su patrimonio artístico y su dimensión espiritual.

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El circuito inicia en el Museo Fray Pedro Gocial, ubicado dentro del convento de la Iglesia de San Francisco, donde se conservan piezas de arte sacro, objetos litúrgicos y obras representativas de la Escuela Quiteña. Este primer punto permite contextualizar la presencia franciscana en la ciudad y su influencia en la producción artística local, a través de salas que recorren distintos momentos de la vida conventual y de la evangelización.

La ruta continúa en el convento de San Diego, donde funciona el Museo Padre Almeida, un espacio que recoge la memoria de este religioso quiteño y ofrece una aproximación a la vida monástica. El recorrido concluye en el santuario de Guápulo, con el Museo Fray Antonio Rodríguez, donde el paisaje y la arquitectura se integran con colecciones de arte religioso, completando un trayecto que enlaza historia, cultura y espiritualidad.

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