Ivette Celi: “La reforma al Cootad deja a los museos atados de pies y manos”
La Directora de la Fundación Museos de la Ciudad explica cómo los cambios a la normativa ponen en riesgo a los espacios culturales de Quito

Ivette Celi es Magister en Políticas Públicas, magíster en Historia Hispánica y licenciada en Restauración y Museología. En enero asumió la dirección ejecutiva de la Fundación Museos de la Ciudad.
Una situación de incertidumbre
- La directora de la Fundación Museos de la Ciudad, advierte que la reforma al Cootad pone en riesgo la operación de los cinco museos municipales de Quito al impedir que la cultura sea considerada inversión pública.
- En medio de esa incertidumbre, defiende el papel de los museos como espacios esenciales para la identidad, la educación y la vida cultural de la ciudad.
En enero de este año, Ivette Celi asumió la dirección ejecutiva de la Fundación Museos de la Ciudad (FMC).
Para ella, regresar a la institución significó una especie de retorno a sus orígenes: en 2007, cuando la FMC apenas cumplía un año de creación, ingresó como auxiliar de museología. Sin embargo, su regreso ocurre en un contexto complejo, marcado por la incertidumbre que ha generado la reforma al Cootad, normativa que amenaza con dejar sin posibilidades de operación a los museos de la capital.
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- Volvió a la FMC 18 años después de su primera experiencia en la institución. ¿Cómo la encontró?
Hay una canción de Joaquín Sabina que dice: “No volverás al lugar donde fuiste feliz”. Pero aquí ocurrió todo lo contrario. Fue muy emocionante regresar y reencontrarme con una institución sólida, que hoy tiene a su cargo cinco museos y una trayectoria consolidada.
Y el camino no ha sido fácil. Distintas administraciones municipales intentaron disolver las fundaciones, pero eso no ocurrió porque detrás existe un trabajo muy fuerte, una experiencia acumulada por quienes han trabajado aquí durante años. Además, los museos ya forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Hoy no se puede pensar Quito sin sus museos ni sin sus espacios culturales.
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- ¿Por qué son tan importantes estos espacios para Quito?
La clave está en la cercanía. Los museos de la ciudad son, probablemente, los espacios culturales más cercanos a la gente. Hay comunidades que han crecido junto a ellos, especialmente la comunidad educativa. No hay niño o niña en Quito que no haya pasado por uno de los cinco museos durante su vida escolar, y eso transforma. También hay muchísimas familias quiteñas que relacionan los feriados, el ocio y el tiempo compartido con visitar estos espacios.
- Hablemos de cifras. ¿Cuántos visitantes reciben los cinco museos de la fundación —Museo de la Ciudad, Yaku Museo del Agua, Museo del Carmen Alto, MIC y CAC—?
Solo el año pasado, los museos de la ciudad recibieron a más de 500.000 visitantes.
- ¿Y qué tan importantes son para el turismo?
Son importantísimos. Los museos son la carta de presentación de cualquier ciudad. Cuando alguien viaja a otro lugar del mundo, una de las primeras visitas suele ser al museo, porque allí puede conocer, en pocas horas, la historia, la identidad y la sensibilidad de ese lugar.

Celi fue directora ejecutiva del Museo Nacional, MUNA Ecuador, Subsecretaria de Memorial Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio, y Coordinadora del Centro Cultural Benjamín Carrión Bellavista
- En marzo, interpusieron una demanda de inconstitucionalidad frente a la reforma del Cootad, indicando que, de aplicarse, el funcionamiento de los museos está en riesgo. ¿Por qué?
Lo que hace la reforma es eliminar la partida presupuestaria que permitía transferir recursos a entidades como las fundaciones. Aunque mantiene las competencias culturales de los gobiernos autónomos descentralizados, elimina la posibilidad de considerar a la cultura como inversión.
Ahí surge el problema: la ley determina que la cultura constituye gasto corriente y no inversión. Bajo la regla del 70-30, el 70% del presupuesto debe destinarse a inversión en áreas como vialidad, agua potable, saneamiento e infraestructura, mientras que el gasto corriente no puede superar el 30%.
Entonces, si todo el presupuesto cultural pasa a considerarse gasto corriente, ese límite se supera automáticamente. La reforma establece, además, que la inversión municipal solo puede dirigirse a infraestructura. Nosotros tenemos algunas de las infraestructuras culturales más importantes del país, pero podrían quedar vacías porque no tendríamos cómo pagar nómina, servicios básicos ni operación.
Con la reforma, quedamos atados de pies y manos. La competencia cultural sigue existiendo, pero ¿cómo se opera si todo lo que hacemos pasa a ser considerado gasto y no inversión?
- Y sin embargo, hay quienes alegan que este no es el caso, que de darse esta situación, se daría porque el Cabildo simplemente no quiere establecer los fondos. ¿Qué les diría?
Que no es un tema de voluntad, sino de capacidad. Nosotros somos entidades de derecho privado, sí, pero operamos con presupuesto público y, por lo tanto, trabajamos bajo normativa pública. Hacemos compras en el Sercop y seguimos exactamente los mismos procedimientos que cualquier institución estatal.
El problema es que, bajo la regla del 70-30, se vuelve prácticamente imposible ejecutar proyectos culturales grandes. La ley obliga a que el 70% se destine a infraestructura. Entonces uno se pregunta: ¿de qué sirve tener un gran edificio si no hay quién lo opere? ¿Cómo se generan proyectos? ¿Cómo se financia el trabajo cultural?
Y eso golpea especialmente a un sector que ya vive una precarización enorme. La situación laboral en cultura es cada vez más difícil y esto agrava un problema estructural.
- Si la demanda no prospera y el próximo año tuvieran que trabajar bajo estas condiciones, ¿qué significaría eso para los museos y para la programación que hoy conoce la ciudadanía?
No se podría trabajar. Las fundaciones tendrían que cerrar operaciones... Por eso creemos que la declaratoria de inconstitucionalidad es fundamental. Además, se trata de una ley inconsulta y claramente atentatoria contra la autonomía de los gobiernos autónomos descentralizados. La Asamblea no evaluó el impacto real que esto iba a generar.
Y las consecuencias ya empiezan a sentirse. La Feria Internacional del Libro de Quito, por ejemplo, no pudo realizarse. Tampoco es realista pensar que el gobierno central vaya a asumir ese financiamiento. Sería absurdo creer que el Viceministerio de Cultura podría hacerse cargo de toda esta estructura cuando ni siquiera logra sostener adecuadamente un museo propio.

La directora ejecutiva de la FMC indicó que la entidad regenta el Museo de la Ciudad, YAKU Museo del Agua, el Museo Interactivo de Ciencia, el Museo del Carmen Alto y el Centro de Arte Contemporáneo.
- Al ser una entidad de derecho privado, también se les ha cuestionado por qué no podrían mantenerse únicamente con la venta de entradas. ¿Eso es factible?
No. El Rijksmuseum, uno de los museos más visitados del mundo, recibe cerca del 80% de financiamiento estatal. Lo mismo ocurre con el Museo del Louvre y el Museo del Prado, que dependen en gran medida de recursos públicos.
Y eso tiene una razón de fondo: la cultura, por su propia naturaleza, no responde a una lógica de rentabilidad económica. Es un bien social, un bien esencial, y hay que entenderla de esa manera. Tal vez hace falta volver a explicarlo y recordárselo a quienes creen que la cultura “quiere todo gratis”.
Nosotros sí cobramos taquilla y esos ingresos se reinvierten constantemente en proyectos, mantenimiento, pago de personal y operación general de los museos. Pero aun así, cerca del 80% de nuestro presupuesto proviene de financiamiento público. Así funcionan los museos en todo el mundo.
- Entonces surge otra pregunta: si todos los museos del mundo reciben apoyo estatal, si representan un gasto para el Estado que no genera réditos ¿significa que no deberían existir?
A nadie se le ocurriría eliminar el Museo del Louvre, porque representa parte fundamental de la identidad francesa. Allí está la memoria, la historia, la relación de una sociedad con su patrimonio y con su gente.
Eso es lo que sostienen los museos: una representatividad simbólica que nos permite reconocernos colectivamente. Sin esos espacios, nos convertiríamos en una sociedad mucho más vacía. Porque una carretera rehabilitada puede facilitarte el viaje a la playa, claro, pero difícilmente te conmueve.
En cambio, el arte y la cultura tienen la capacidad de emocionarnos, de hacernos sentir humanos, de construir comunidad. Y eso hoy resulta más necesario que nunca.