Fernando Muñoz-Miño: “La salud de la democracia depende de la sociedad”
El fundador de la organización Cuadrante Sur asegura que la inseguridad ha cambiado la relación entre ciudadanos y derechos. La participación activa es clave

Fernando Muñoz-Miño analiza los desafíos que enfrenta la democracia ecuatoriana y plantea la necesidad de fortalecer la participación ciudadana.
Lo que debes saber
- El experto señala que la democracia requiere controles y límites para evitar abusos de poder.
- Además, de que la academia y las organizaciones sociales tienen un rol clave en el debate público.
- El voto informado sería una herramienta para definir el rumbo del país.
Fernando Muñoz-Miño advierte que el deterioro democrático no responde únicamente a las decisiones de los gobiernos, sino también a una ciudadanía que ha cedido espacios de participación en medio del miedo y la inseguridad. En esta entrevista analiza los riesgos de la concentración del poder, el papel de la sociedad y las acciones que considera necesarias para preservar la democracia en Ecuador.
Hoja de vida.
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- ¿Qué factores explican que, décadas después del retorno a la democracia, hoy Ecuador atraviese un proceso de deterioro democrático o de concentración del poder?
- Hay que considerar que la democracia no es un proceso al que se llega y se mantiene inalterado. La salud de la democracia depende de los gobiernos que la administran, pero principalmente de la sociedad. Entonces, tener por sentada la democracia implica, muchas veces, descuidar el hecho de que es algo que se tiene que alimentar y fortalecer. No solo es la pérdida del Estado de Derecho, del respeto a la Constitución, al debido proceso, los partidos, los movimientos sociales, la academia; también es que los ciudadanos de a pie hemos perdido ese lugar que nos corresponde y la responsabilidad de cuidar la democracia a pesar de la crisis económica, del contexto actual y de la acentuación, principalmente, del escenario de crimen organizado, lo que ha conducido a ceder los derechos fundamentales.
- ¿Por la inseguridad?
- Sí. Por lo menos en los últimos cuatro años se ha creado un escenario en el que el miedo condiciona a ceder ciertas cosas, por ejemplo aceptar los excesos de la fuerza pública y que caigan justos por pecadores, con tal de que se pueda frenar esto. Eso empieza a construir un nuevo sentido común, muy peligroso, porque los derechos humanos dejan de tener un lugar prioritario. El miedo mueve a los grupos humanos a adoptar posiciones más individualistas.
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- En muchos casos, los líderes con tendencias autoritarias llegan al poder mediante elecciones. ¿Hasta qué punto el voto representa un aval para la posterior concentración de poder?
- Muchas veces se justifica la acción de cualquier gobierno bajo el criterio de que fue elegido en urnas. Pero no es una carta blanca para que pueda actuar indiscriminadamente y sin ningún tipo de límites. La autoridad presidencial no es la autoridad máxima, es solo el representante de uno de los cinco poderes del Estado.
- ¿Cree que la sociedad ecuatoriana debería hacer una autocrítica sobre el tipo de liderazgo que ha respaldado en las urnas durante los últimos años?
- El mandante tiene que ser responsable con respecto a sus votaciones, al voto informado y saber que tiene una responsabilidad al decidir sobre el presente y el futuro del país. Siempre es necesaria una autocrítica, pero es difícil hacerla en el contexto en el que las organizaciones y las personas están en ‘modo sobrevivir’, como primera prioridad.
Las nuevas generaciones no deben llegar a concebir a la democracia como algo prescindible.
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- Frente a ello, ¿qué factores son claves para que la ciudadanía mantenga una actitud crítica y no normalice la concentración de poder, ni la pérdida de sus derechos y libertades?
- No basta, por ejemplo, con que sean contadas voces las que denuncien esto, sino que sean amplios conjuntos de personas con credibilidad; que las organizaciones civiles pongan esto por delante de la agenda pública. Hay que hacer diagnósticos claros, porque no basta con decir que el Gobierno es una dictadura. Necesitamos tener datos fuertes para que nuestras posiciones sean respaldadas y que ganen la credibilidad en el espacio de la opinión pública.
- ¿Qué papel debería asumir la academia?
- La academia tiene una responsabilidad sensible porque en lugar de trabajar únicamente hacia adentro, produciendo investigación y formando estudiantes, también tiene una función social hacia afuera. La universidad no puede entenderse de espaldas a la sociedad. Tiene una responsabilidad de responder a esto abriendo espacios de debate, poniendo a discutir a los diferentes actores, a diagnosticar lo que está pasando y determinar qué es lo que tenemos que hacer como sociedad para conservar la democracia.
El Estado responde con linchamiento mediático en redes o amenazas a líderes. Eso dificulta la participación.
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- ¿Qué le diría hoy a un ciudadano que siente que ya no tiene capacidad de incidir en el rumbo del país?
- El ciudadano tiene la capacidad de incidir. La más inmediata es con el voto. Que el voto no sea por el menos malo, sino que sea un voto que entienda el contexto en el que se está viviendo. También de la participación activa, que no es simplemente ir a la urna y votar, sino involucrarse en la discusión pública, ver los medios de comunicación, discutir con la familia y, sobre todo, organizarse entendiendo que la organización es el mejor escudo y la mejor herramienta que se tiene para poder incidir e influir en el presente y el futuro del país.