Algunos quiteños esquivan el uso de las cuentas bancarias

  Quito

Algunos quiteños esquivan el uso de las cuentas bancarias

El 29,9 % de la gente no tiene ahorros por falta de liquidez. Los vendedores ambulantes son parte del esquema y aducen que viven con tres dólares al día

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Dato. El 43,9 % de los hombres no culminaron la secundaria, mientras que de las mujeres hay un 41,6 %.GUSTAVO GUAMAN

La cultura del ahorro, así como la apertura de cuentas bancarias para generar un fondo de reserva, son prácticas poco frecuentes a las que recurren los quiteños desde hace algunos años.

Así lo determina una investigación realizada por la iniciativa ciudadana ‘Quito cómo vamos’, que da a conocer que el 29,9 % de personas de nivel socioeconómico bajo no tienen una cuenta de ahorros, seguido del 37,9 % que corresponde a la clase media baja, mientras que en el estrato alto el 91,2 % de usuarios usan esta herramienta financiera.

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Pero más allá de las estadísticas, este Diario realizó un sondeo ciudadano para conocer las causas de estos indicadores. Después de conversar con algunos capitalinos se develó que el ausentismo financiero no se debe únicamente a falta de interés o voluntad, sino también a la desconfianza hacia las entidades bancarias. Esto se reduce a la falta de liquidez económica de un sector poblacional de Quito.

La comerciante ambulante Pilar Rodríguez cumple su jornada laboral en el Centro Histórico, desde las 09:00 hasta las 16:00. Vive de esto desde hace 30 años y con lo que obtiene al día mantiene a dos de sus tres hijos. El primero de ellos ya se casó hace unos años.

Ella vende de todo, principalmente objetos de oportunidad o que tengan buena acogida, como medias, pinzas para ropa, guantes, entre otros artículos. Todo sale a un dólar, pero como ella dice “con la bendición de Dios espera vender la mayoría si quiere llevarse algo a la boca”.

Según cuenta, cuando logra comercializar 12 docenas de pinzas gruesas tiene una ganancia de cinco dólares. Con eso puede vivir al día. Comprar algo por libras para cocinar y destinar al menos un dólar para completar de a poco la cuota del arriendo.

“Estiro la plata como puedo, pero hay veces que no se puede y solo gano tres monedas. Con eso, o como o compro artículos de higiene como pasta o papel higiénico”, precisa Rodríguez.

Cuando se le inquiere si tiene una cuenta bancaria, ella solo sonríe y sin pausa resopla urgida. “De dónde voy a ahorrar algo, si a duras penas con mis hijos vivimos el día a día. Confieso que hace 10 años tuve una cuenta en un banco reconocido, porque las ventas eran buenas y se podía guardar alguito; pero después todo bajó y esa cuenta seguro ya debe estar cerrada”.

En los datos proporcionados por ‘Quito cómo vamos’ también se identifica que el 65,5 % de las personas de nivel bajo no pueden afrontar gastos imprevistos en el hogar, como enfermedades u otros menesteres.

También se constató que el 46,1 % de los quiteños de la misma condición han tenido retrasos en el pago de la renta de la vivienda, servicios básicos o en la compra de víveres.

Blanca Maldonado es otra comerciante ambulante, de más de 65 años. Cuando recorre las calles de Quito, cojea. Dice que hace unos meses le detectaron un problema en el tobillo, pero por la falta de dinero no pudo recibir atención médica. Empeoró hasta que accedió a una casa de salud pública. “Hasta ahí quedó todo. No pude comprar la medicina, así que me toca aguantar el dolor. Yo, por ejemplo, jamás en mi vida he tenido una cuenta en el banco. Ni conozco qué será eso. Toda mi vida he sido pobre y a duras penas como arroz con huevo en el peor de los días y atún en el mejor de ellos”.

Su situación es diferente. Para ganar dos dólares en un día, al menos debe vender cinco paquetes de medias, que cuestan un dólar cada uno.

“Lleve sus medias, mi reina. Tienen lindos colores. Lleve sus pinzas, señorita. Dos por un dólar, si quiere”, gritan las mujeres mientras se retiran pausadamente, cada una por su lado, tras la búsqueda de un mejor mañana.