La música retro aún palpita en la capital

  Quito

La música retro aún palpita en la capital

Los clásicos de los 70 y 80 reviven de la mano de un DJ, en el sur de Quito. Cada sábado 100 personas avivan recuerdos de esos tiempos

crónica música retro
El DJ Juan Carlos hace magia con sus manos, durante cinco horas. Un buen oído es clave para esto Henry Lapo

Para Juan Carlos Suasnavas, el pasado es lo único presente que tiene. Cada fin de semana este hombre se transforma en el ‘Mesías’ y DJ de la música retro.

Desde una discoteca, ubicada en el barrio El Carmen, sur de Quito, resucita los clásicos de los años setenta, ochenta y pone a más de cien personas a revivir épocas que parecían olvidadas. Muertas. O que simplemente quedaron contenidas en viejos soportes musicales.

Desde las 20:00, cada sábado, este hombre de 48 años -cabello largo cano. Ojos chispeantes. 1,65 de estatura. Con pantalón de cuero ceñido. Camiseta negra estampada. Botas oscuras de cuero-, instala su tornamesa (toca discos de acetato antiguo), amplificador, audífonos y otros ‘juguetes’ para dar rienda suelta a la fiesta.

La máquina del tiempo cobra vida en un cuarto oscuro subterráneo, de casi 100 metros cuadrados.

Por las noches su aspecto cambia. De un simple bailadero se convierte en un antro con luces enceguecedoras. Esferas de espejos. Grandes. Pequeñas. Coloridas y plateadas. Paredes con tonos chillones. Y espejos. Por todos los frentes. Para que los danzantes que llegan a este espacio se contemplen mientras realizan movimientos propios de aquella época.

exhibición baile retro
Patricio Aulestia se robó la atención de la noche. El derroche de su talento en la pista robó miradas.Henry Lapo

Durante cinco horas, la regresión temporal se activa. De a uno. En pareja o en grupo, los aficionados desfilan por el sitio. Hay de todo. Jóvenes, viejos, mujeres, hombres y también adolescentes.

Patricio Aulestia. 55 años. Salió junto a su amiga de 30. - Escogió la mejor pinta ochentera: pantalón jean con cadenas laterales sobre los bolsillos. Buso negro, chaleco jean, botines negros con taco cubano-. Su intención era una: sacar brillo al piso. O rocanrolear un buen rato, para recordar lo que para él fue “la mejor época de su vida”.

Mientras resuena una canción de fondo del legendario Elvis Presley, los dedos del DJ se pasean por los filos de más de mil discos de vinilo que guarda celosamente en cuatro cajas de cartón y dos maletas viajeras medianas.

Son su tesoro, afirma. Y como buen explorador, busca con sigilo cuatro acetatos claves para encender el ambiente.

Rock and roll, twist, soul y tecno pop, por una hora y media más es lo que pondrá.

Dice que este armamento es lo más preciado que guarda. Le tomó casi 15 años reunir todos los hits que carga en los contenedores.

Invirtió mucho dinero para conseguir estas reliquias musicales, aduce. Cada disco mide 30 centímetros de diámetro, pesa 180 gramos y guarda hasta 10 canciones. Cinco de cada lado. No es nada en relación a las emociones que provoca en los bailarines.

Con solo uno de ellos puede animar una fiesta, hasta por 40 minutos. Aunque también están otros más pequeños, que miden 17 centímetros, pesan 80 gramos y solo guardan una canción, que de tres minutos no pasa su duración.

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Estos los utiliza más para lo que él denomina “entretiempo”. Para la hora del descanso. O para recuperar energía y saltar recargado a la pista.

Asevera que “la música retro corre por sus venas” y por eso ha hecho algunos esfuerzos. El disco más caro lo trajo de Estados Unidos. Uno de Marilyn Manson. Le costó casi 200 dólares. Pero también tiene los económicos. No superan los 3 dólares. De “Grease” o Vaselina, del legendario Jhon Travolta y Olivia Newton.

La charla acaba. Las luces se apagan y la pista se enciende cuando la aguja con punta de diamante del tocadiscos de Juan Carlos acaricia el LP (long play) de acetato de Chubby Checker. Al ritmo de “Let´s twist again”, los bailarines “sacan brillo a la baldosa”.

Patricio Aulestia se adueña del show. La agilidad de sus pies es irrefutable. Encantador. Magnético para la mirada de los espectadores. Sus caderas se quiebran de lado a lado y de repente... ¡se lanza al piso!.

Se sostiene en el suelo sobre su pierna derecha que está doblada, mientras menea el pie izquierdo al ras de la baldosa.

tornamesa
La tornamesa es un toca discos de vinilo antiguo. En 1925 apareció y superó al gramófono.Henry Lapo

Para él, la música retro es como una bicicleta. “Cuando aprendes a pedalear (bailar), nunca lo olvidas. Es como si dejaras de respirar”, asiente mientras le da unas “clasesitas” a unos cuantos aprendices que intentan imitarlo sin éxito.

El espectáculo se mantiene por 20 minutos. Entre rola y rola el hombre se toma un descanso en un costado de la pista. Respira. Bebe agua. Y suelta que la vida es mejor cuando se la disfruta bailando.

“Llegan a mi mente tantos recuerdos de esos años que ya son idos. Ahora los revivo así. En este espacio. Me teletransporto al ayer”.

Quedan unos pocos en la pista. Y el DJ cambia de ritmo. A uno más movido. Para no perder quórum, añade.

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Es el turno del rock and roll. El zapateo frontal no se hace esperar. Y otros simulan tocar una guitarra mientras sacuden una de sus piernas.

El ambiente se calienta. La noche se enciende. Las horas corren y los “old school” no se cansan. Se resisten a soltar una época que jamás volverá. Una que ya fue, pero que al menos, desde un rincón del sur de la capital y de las manos de un hombre, recobra vida hasta que las luces se apaguen.