el chulla del barrio
Marcelo Tomebamba: en La Comuna de Quito, un botadero de basura se volvió parque, con Asilvestrar
Más arriba de la zona en donde ocurrió el aluvión, en la Humberto Albornoz y Capillaucu, no había un espacio verde; ahora hay juegos para los niños y plantas

Gabriela Sigcha, en el parque de las calles Humberto Albornoz y Capillaucu, en la Comuna de Santa Clara de San Millán.
Lo que debes saber:
- En la Comuna de Quito, Asilvestrar convirtió un botadero de basura en un parque para niños, que se inauguró en 2026.
- El proyecto comenzó en octubre de 2025 y retiró 30 volquetas de basura y escombros.
- Acción Ecológica y vecinos recuperaron el terreno con plantas nativas y espacios para niños.
Durante al menos un año, Marcelo Tumipamba, quien nació y formó su familia en la Comuna de Santa Clara de San Millán, tocó las puertas de Acción Ecológica. Sabía que el grupo podía ayudar a los vecinos a transformar un botadero de basura en un espacio verde para los niños.
El ambientalista Ricardo Buitrón recuerda que el entonces dirigente comunitario lo buscaba y le preguntaba cuándo podrían visitar el barrio.
Tumipamba hablaba de la posibilidad de construir un parque. El proyecto comenzó en octubre de 2025 y fue inaugurado en mayo 2026. Está frente a la iglesia, en la intersección de las calles Humberto Albornoz y Capillaucu. Para llegar hasta allá hay que dejar atrás La Gasca y comenzar a ganar altura.
El acceso a la parte alta de este sector del centro-norte de Quito está por encima de la zona afectada por el aluvión del 31 de enero de 2022. La cuesta es pronunciada. Los vecinos llegan a pie o en taxis ruta.
Así está el espacio en La Comuna
Al llegar, el lugar parece inicialmente un mirador, cubierto de vegetación. Pero, al mirar con más atención, una puerta permite entrar por un pequeño sendero que atraviesa la ladera y conduce hasta un espacio que parece improbable en medio de un sector popular de la capital.
Hay columpios construidos con troncos de árboles caídos, una banca del mismo material, un arenero cubierto y otros juegos. También hay un espacio donde niños y adultos pueden quitarse los zapatos y caminar sobre el kikuyo cortado.

Marcelo Tumipamba, residente y exdirectivo de la Comuna de Santa Clara de San Millán, extiende una especie de carpa sobre el arenero, para los más pequeños.
“Tengo 45 años y toda la vida he habitado acá, en La Comuna. No teníamos un espacio así. Años atrás, algún rato, dirigentes decían que sería bueno tener una cancha de vóley o de fútbol y un parque para los niños. Pero todo se quedó en sueño. Cuando se concretó, los vecinos decían que se hizo realidad lo que se quedó en planes por años”, cuenta Tumipamba.
Durante la visita de EXPRESO, en el parque se reúnen Tumipamba y Gabriela Sigcha, quienes fueron dirigentes de La Comuna; además de Ricardo Buitrón y María Elena Rodríguez, de Asilvestrar, grupo interdisciplinario de profesionales y organizaciones por la regeneración ecológica urbana y la construcción de ciudades más verdes.
30 volquetas de escombros y basura sacaron del espacio convertido en parque
“Yo supe que ellos recuperaban y hacían parques. Nosotros teníamos un terreno baldío, prácticamente era un botadero de basura. Sacaron 30 volquetas de escombros, basura y maleza. Encontraron colchones e incluso sanitarios. A veces había gente que venía a pasar la noche en este sitio”, recuerda.
Buitrón señala que los vecinos participaron en mingas, pero ese trabajo resultó insuficiente. Sabían que debían retirar basura con volquetas, no habían dimensionado la cantidad de desechos.
El kikuyo había cubierto parte de los residuos, que incluso estaban enterrados. Por eso fue necesario limpiar el terreno, preparar el suelo y llevar tierra de buena calidad para sembrar las plantas.
Gabriela Sigcha relata que organizaron varias reuniones para compartir con los vecinos la idea de construir un parque. La propuesta tuvo acogida.
Una de las actividades habituales de Asilvestrar es invitar a la población a conocer sus proyectos. Así, vecinos de La Comuna visitaron el corredor y el parque aromático de Bellavista. La experiencia los convenció. Han trabajado además en La Floresta, Quitumbe, el patio republicano del Museo de la Ciudad, en La Merced.
Después comenzó el trabajo en el terreno. Buitrón explica que primero analizaron la geografía: hay un talud pronunciado, rodeado de viviendas cuyos habitantes tenían problemas por el agua que descendía desde la parte alta.
El proyecto contempló el manejo de la escorrentía y la permeabilidad del suelo, además de juegos para niños de hasta 6 años y la incorporación de plantas nativas, que atraen a polinizadores.
¿Qué hace Asilvestrar?
“Esto era un basurero, pero seguía siendo un espacio verde. Cuando lo escogimos, nos gustó por varios motivos: está cerca de la iglesia, hay capulíes, mucha chilca y marco, que son plantas nativas que se adaptan muy bien a la zona; iso, que tiene flores azules y atrae a polinizadores. Además, cerca tenemos una quebrada y la idea es que haya conectividad ecológica”, explica María Elena Rodríguez.
El terreno, añade, tenía un potencial que podía aprovecharse. Había mucha basura enterrada y el talud debía recibir una gran cantidad de agua. Por eso, uno de los desafíos fue encontrar la forma de manejarla. Allá sembraron penco, cubresuelos, sigses, suculentas, que absorben el agua.
“Asilvestrar Quito es reintegrar la naturaleza al corazón de lo urbano. A veces se concibe que la ciudad es cemento y que está en el campo. Es imposible que una ciudad prospere cuando no traemos la naturaleza de vuelta”, sostiene.
Marcelo Tumipamba cuenta que no sabía nada de plantas hasta que Asilvestrar les entregó el parque. “Me surgió un cariño hacia la naturaleza”, dice. Desde entonces, cada semana su familia sabe que irá a regar.
En una de esas jornadas encontró a un niño de 3 años que jugaba solo. Una hora después, vio a sus padres buscándolo desesperados. En otra ocasión, durante una fiesta, unos jóvenes intentaron arrojar basura y beber en el espacio verde.
Marcelo se interpuso y ellos le increparon: “¿Se cree el dueño?”. Finalmente, entendieron su argumento: el parque no pertenece a una persona, sino a todos.