El Chulla
Bosquete en el Bicentenario: el proyecto familiar que convirtió césped en biodiversidad
Los primos Juan Carlos y Ramiro riegan y cuidan de unos 1.500 árboles y arbustos nativos; con la Epmmop tienen un convenio hasta el 2030

Ramiro Morejón Neira y Juan Carlos Robles Neira acuden al menos tres veces por semana al bosquete, en el Bicentenario.
Lo que debes saber:
- Quito: bosquete urbano en Parque Bicentenario crece desde 2020 con 1.500 plantas nativas sembradas por dos primos y sus familia, tienen permiso de municipio.
- Proyecto Sembrando Raíces recupera 7.500 m² en parque Bicentenario; incluye 150 especies y retorno de fauna, como búhos y colibríes.
- Desde 2023, bosquete crea hábitat para rana marsupial con charcas; familias buscan apoyo para señalética y esperan estudio de biodiversidad de la Universidad Central.
El contraste impresiona. Las fotografías del antes y el después ayudan a tener una referencia, pero solo al internarse en el bosquete (de 7.500 metros cuadrados) se dimensiona la transformación. Allí, la vegetación crece, de forma natural, en capas: árboles, arbustos y plantas herbáceas nativas. Entonces se nota la diferencia con el resto del parque Bicentenario, que tiene césped cortado al ras.
En ese espacio concebido, sembrado y cuidado por los primos Ramiro Morejón Neira y Juan Carlos Robles Neira junto a sus familias, crecen especies nativas como flor de mayo, pumamaqui y el más frondoso, el quishuar.
En medio de ellas han nacido plantas de forma espontánea también. Y ha vuelto la fauna. Por ejemplo, han avistado búhos. Durante la entrevista, un colibrí colilargo aparece y Morejón bromea: “Le avisamos que vendría EXPRESO”.
La dimensión del proyecto, al que bautizaron Sembrando Raíces, no se valora hasta verlo. Comenzó a inicios de 2020. Robles, jubilado después de trabajar en el área financiera de una empresa de embutidos, pensó en plantar árboles con su familia, en La Carolina, donde caminaba con su esposa. Compartió la idea con su primo. Y juntos idearon un sueño mayor.
Se contactaron con la gerencia de Espacio Público de la Empresa Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop), que cuenta con el programa Quito Adopta, para empresas que apadrinan parterres. Firmaron un primer convenio para intervenir 2.500 metros cuadrados, con el objetivo de crear un bosque urbano.
El proyecto se amplió, tiene 7.500 metros cuadrados actualmente y se proyecta hasta 2030, cuando esperan renovar el convenio. “Un bosque no se construye en pocos años. Tarda entre 30 y 40 en madurar”, explican.
Nuestra satisfacción es venir, sembrar, meter la mano en la tierra, regar, ver cómo crecen las plantas.
La siembra de dos primos y sus familiares
En diciembre de 2020, en plena pandemia, 165 familiares, entre abuelos y tataranietos, participaron. La propuesta inicial fue que los mayores siembren un árbol, mientras que los niños y jóvenes, un arbusto.

Ramiro Morejón junto a la mata de ataco, uno de los ingredientes de la colada morada, en el Parque Bicentenario.
Los abuelos de ambos primos están en el bosquete, representados en palmeras.
- Agustín Neira y Emma Fabara (ya fallecidos) tuvieron ocho hijos, entre ellos las madres de Ramiro y Juan Carlos.
- Cada árbol o arbusto les hace pensar en un miembro de la familia. “Ahí está la tía Katty”, señalan en el recorrido. Es como un árbol genealógico. Detrás de cada planta hay nuevas ramas familiares.
En este pedazo del Bicentenario hubo una cancha de golf, con apenas césped y árboles antiguos. Empezaron con 165 plantas. Los árboles costaron $20; los arbustos, $10, recuerdan.
Entre todos han sembrado unas 1.500 plantas, para julio 2026. Un par de empresas y una fundación se han sumado, pero no se han encargado de nada más.
El crecimiento del bosque les ha traído aprendizajes. “Mire estos arbolitos, cómo reaccionan. Tienen apenas dos años”, dice Morejón.
Con el apoyo de estudiantes de la Universidad Central esperan tener un inventario de biodiversidad para comparar este espacio con otras áreas del parque que se mantienen con césped.
Algunas especies, como la candelilla o ataco, han surgido de forma natural; otras, como el pumamaqui o el lechero, fueron introducidas por los primos.
¿Cuántas especies hay en el bosquete del Parque Bicentenario?
En total han identificado más de 150 especies nativas: unas 120 plantadas y alrededor de 30 que han aparecido por regeneración natural. “Por eso es importante trabajar con la academia, para saber exactamente qué tenemos y qué más puede aparecer”, dice Morejón.
La experiencia también ha desmontado certezas. “Uno, desde lo urbano, cree que si siembra, todo va a crecer. Pero la naturaleza tiene su propio ritmo”, reflexiona Morejón. Algunas especies no se adaptaron. Requieren más humedad o condiciones propias de otros ecosistemas.
“Nos hemos dado contra la realidad”, admite. El laurel de seda, por ejemplo, parecía una apuesta segura, pero solo unos pocos ejemplares lograron sobrevivir.
El bosquete, recalcan, es público. No le pertenece a la familia, aunque son ellos quienes lo mantienen. En ocasiones hacen mingas o desayunos.
“Cada vez más personas pasan y dicen ‘qué bonito’”, cuenta Juan Carlos. Le gustaría tener apoyo para contar con señalética y códigos QR para aprender sobre las plantas.
Buscan recuperar el hábitat de la rana marsupial
Para Juan Carlos Robles, el bosquete es más que un hobby. Acude al Bicentenario dos o tres veces por semana, en distintos horarios. A menudo coincide con su primo Ramiro Morejón. Riegan durante unas tres horas, limpian el kikuyo, hacen coronas alrededor de las plantas, etc.

Juan Carlos Robles contó que el tronco de ese árbol cayó a unos metros del bosquete. Los más jóvenes de la familia lo acercaron, es parte del lugar.
El proyecto incluyó la creación de dos charcas naturales estacionales para recuperar el hábitat de la rana marsupial, una especie de Quito. El espacio, que antes era el arenero del campo de golf y estaba desprovisto de vegetación, fue transformado con asesoría del zoológico para reintroducir uilli-uillis.
Tres años después, el proceso muestra resultados, pues las ranas han completado su ciclo de metamorfosis, alcanzaron la etapa adulta y se reproducen.
Ambos primos invitan a recorrer el lugar. Les piden a los ciudadanos que acuden con sus perros sin correas, que tengan cuidado con las plantas pequeñas.
Ramiro muestra la chilca de chocolate. Dice que desprende su característico aroma tras la lluvia. El sacha capulí destaca por sus flores rosadas; en verano amarillea y pierde sus hojas, pero con las primeras lluvias vuelve a brotar. Los alisos son los más altos, de 10 metros.
Y Juan Carlos comenta que entre sus preferidas, están las flores de guantugsillos. Hay rojas, azules y blancas.
En verano, en el paisaje gana el pajonal, los arbolitos se ponen amarillos. Pero en eso también hay belleza.
Anécdota de los primos
Los primos han tenido que evitar que ingresen a podar el espacio. También han detectado casos de ‘robos’ de arbustos.