el chulla del barrio
De casa abandonada a centro cultural: así transforma Conectando Chimbacalle un espacio en desuso
Habitantes de unos 30 años buscan unir al barrio, formar una orquesta barrial, seguir con jornadas de cine camping y más para niños y adolescentes

Nicolás Puertas y Adrián Hidalgo (bajo) son parte del colectivo Conectando Chimbacalle, que nació en 2020.
Lo que debes saber:
- Quito: Vecinos treintañeros recuperan casa abandonada en Chimbacalle desde 2020 para crear espacio cultural comunitario.
- Colectivo Conectando Chimbacalle impulsa talleres de arte y música para niños y adultos con autogestión.
- Proyecto busca reducir desinterés barrial y uso excesivo de celulares con cultura, cine y actividades gratuitas.
Nicolás Puertas, productor musical de 33 años, conserva en la memoria una imagen: la estación del ferrocarril de Chimbacalle, en el sur de Quito, como su patio de juegos. “El papá de un amigo estaba a cargo del predio. Jugábamos en los vagones, hacíamos como que los manejábamos. Nos subíamos desde la Villa Flora”. Esos recuerdos lo mueven a trabajar para recuperar lo que fue su barrio.
Todo empezó gracias a la música. En 2015, un grupo de jóvenes formó una banda. Cinco años después, en 2020, se enfrentaron a un problema: no tenían dónde ensayar.
Así dieron con una casa barrial abandonada desde hace al menos una década, que queda en las calles Sangay y Cerro Corazón esquina. Sin servicios básicos, deteriorada y ocupada por habitantes de calle. El lugar parecía irrecuperable. Pero ellos vieron una oportunidad. Se dieron cuenta de que juntos podían hacer algo más grande.
De ese modo nació Conectando Chimbacalle, un colectivo integrado por jóvenes profesionales que bordean o superan los 30 años. Hoy son ocho los miembros más activos, entre ellos Adrián Hidalgo, psicólogo social y comunitario, nacido en el sector de Cinco Esquinas.
Talleres permanentes en la casa recuperada
- A través de autogestión y mingas, recuperaron el espacio. Ahora funcionan talleres permanentes abiertos a la comunidad.
- Los lunes, jueves y viernes, entre las 15:00 y las 16:30, niños y adultos pueden asistir a clases de cerámica, acuarela, dibujo y pintura. La profesora recibe un aporte voluntario de un dólar.
- En otra sala, entre la batería, guitarras eléctricas y un bajo, el colectivo impulsa uno de sus proyectos centrales: la creación de un club de música popular.
- Han abierto inscripciones para enseñar a tocar los instrumentos y sueñan con formar la orquesta de Chimbacalle. Las clases cuestan dos dólares por hora, para cubrir los pasajes de los instructores.
“El sector siempre ha tenido artistas: músicos, pintores, poetas, teatreros. Pero muchos aprendimos de forma autónoma, sin guía. Hay población joven que requiere acceder a actividades, ”, explica Hidalgo.
El cine camping y otras opciones, para Chimbacalle
Para Nicolás Puertas, la motivación también es personal. Busca que niños y adolescentes —como sus sobrinos— tengan alternativas al uso excesivo del teléfono móvil.
En mayo 2026 (hace tres meses), el colectivo organizó una jornada de cine con apoyo de Cultura Viva Comunitaria y la Asociación Nina Shungo, que facilitó una pantalla inflable. Proyectaron la película Ratas, ratones, rateros en el propio lugar, donde se filmaron algunas escenas. Aunque estaba dirigida a adultos, acudieron también niños, lo que motivó nuevas funciones pensadas para ese público.
Ahora preparan una segunda edición de cine camping en el Museo Interactivo de Ciencias, que ha facilitado sus áreas verdes; les permitió trabajar en una huerta comunitaria. El acceso es gratuito, ellos prestan las carpas y las familias acuden, se acomodan debajo de los árboles. El grupo Conquistadores hace dinámicas, les enseña a prender fogatas, etc.
El impulso de los jóvenes, que quieren despertar el sentido de vecindad
Edison Puertas preside la directiva y es el padre de Nicolás, quien dirige Conectando Chimbacalle. Destaca el papel que han asumido los jóvenes. “Como directiva, somos un grupo mixto, con adultos y también gente más joven. Vemos que no todo tiene que quedarse en la tercera edad; hay que dar espacio a otra generación. Ellos son recursivos y dinámicos”.
Puertas explica que el respaldo de la dirigencia ha sido constante. “Nosotros les apoyamos en los eventos, pero ellos hacen las gestiones y establecen enlaces con otros barrios. Eso es positivo, porque la memoria del sector va quedando en los jóvenes. Es un barrio con mucha historia y la idea es que la hereden, que haya sentido de pertenencia”.
Nicolás anota que se trazaron el objetivo de “conectar” a los vecinos porque empezaron a sentir “que ganó el desinterés, si le matan al vecino, no importa. Y hemos tenido una buena reacción”.
Adrián cuenta que otro de los proyectos que desarrolló Conectando Chimbacalle fue la Ruta de Miradores. En la primera edición invitaron al club de motocicletas Vespa clásicas y recorrieron tres puntos emblemáticos: los miradores de La Colina, Primero de Mayo y Las Colectivas.
La jornada terminó en la casita barrial, donde hicieron una actividad para recaudar fondos, para continuar adecuando el espacio. Tuvieron una muy buena acogida.
En el espacio se observan fotos de jardines de los vecinos, lo que evidencia que este colectivo no se para. Al inicio intentaron conseguir recursos municipales pero “les fallaron” y decidieron trabajar con autogestión. Otro anhelo es que la casa sea como un lugar para el arte, con murales. Reciben donaciones para empezar a pintar.