Una lucha por preservar la salud mental de los quiteños

  Quito

Una lucha por preservar la salud mental de los quiteños

Quito reportó 11 % de suicidios. En respuesta al alza en las cifras, la urbe lanza un plan de prevención enfocado en personas entre los 20 y 39 años

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Desde que inició la pandemia, Pichincha registró 112 suicidios e intentos de suicidio, al menos una docena en puentes de Quito.ANGELO CHAMBA

Un cuarto vacío, paredes blancas, polvo. No hay rastros de Fito Herrera en la que alguna vez fue su habitación. Meses después de su muerte, sus hermanos empacaron los libros, la ropa y los pósteres de Liga de Quito y regalaron todo los demás a amigos y parientes.

“Mi mamá no daba más. Cada vez que pasaba por la puerta lloraba o gritaba”, recuerda Andrés Morla, su hermano.

En agosto del año pasado, poco después de que la capital cambiara a semáforo amarillo y la vida retomara su bullicioso rumbo, el joven de 24 años se quitó la vida.

La pandemia lo había golpeado con fuerza. En cuestión de meses perdió su empleo y su matrimonio se desbarató. “Cuando regresó a la casa le dijimos que lo íbamos a ayudar, pero no fue suficiente. Un día ya no soportó más”, se lamenta Morla.

Pero este trágico caso en la Villaflora, en el sur de la capital, está lejos de ser el único. Desde marzo de 2020, Pichincha reportó 112 suicidios o intentos de suicidio, un 11 % del total nacional. La mayoría, señalan datos del ECU-911, se registraron en Quito. Hasta 2018 la cifra era solo del 8 %.

Mariuxi Riofrío, coordinadora de Salud Mental de la Secretaría de Salud, acepta que el alza en el índice es preocupante y que desde que empezó el año, la entidad ha tenido que desarrollar nuevas iniciativas para prevenir el deterioro en la salud mental de los quiteños.

Los centros infantiles operaron con dificultades.

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“Hemos visto que esta problemática se ha agudizado en medio de la pandemia, tanto así que no son solo casos, sino que los consideramos un problema de salud pública. Hay que tener claro que, por cada cifra reportada de intentos de suicidio, hay dos más que no conocemos”, señaló.

Existen grupos prioritarios, principalmente entre las edades de 10 a 49 años. De estos, el mayor riesgo se da entre los 20 y 39 años. “La estrategia está enfocada en metodologías lúdicas para niños y adolescentes, pero sobre todo con adultos jóvenes, que son más vulnerables ante las dificultades psicosociales y los factores de estrés que ha generado la pandemia”.

Entre estos, el principal es el desempleo, que ha sido uno de los motivos tras siete de los intentos de suicidio reportados desde septiembre.

Uno de ellos, registrado en octubre del 2020, sucedió cuando Diana L. intentó arrojarse de un puente peatonal de la avenida Mariscal Sucre. Dos agentes de la Autoridad Metropolitana de Tránsito evitaron que salte, pero mientras la retenían, la mujer de 26 años les explicaba que adeudaba cinco meses de alquiler, y que estaba por ser desalojada junto a sus hijos.

21% del total de suicidiosson de adolescentes de entre 12 y 19 años. En este rango etario, esta es la principal causa de decesos.

Con el fin de abarcar las dificultades que enfrentan los distintos grupos prioritarios, la secretaría de Salud firmó convenios con tres institutos superiores, la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), la Universidad Politécnica Salesiana y la Universidad de las Américas (UDLA).

“Desde la Secretaría tenemos dos líneas de trabajo: con las unidades educativas municipales, en las que trabajamos con los estudiantes, docentes y padres de familia, y una línea bajo demanda, que generalmente ocurre cuando ya se han dado casos de suicidios, y que es un tipo de ‘posvención’. Poder trabajar a través de este convenio nos permite abarcar un mayor índice poblacional”.

Riofrío añadió que la iniciativa es la primera parte de un plan de prevención distrital que impulsa la entidad y la comisión de Inclusión Social del Municipio de Quito.

Pero los talleres, considera Guillermo Tello, experto en enfermedades neuropsiquiátricas, deben venir acompañados de propuestas no solo locales, sino nacionales, entre ellas la declaratoria del suicidio como una emergencia sanitaria.

“La atención biopsicosocial, la investigación científica y la capacitación para personas con riesgo de suicidio, debe declararse como emergencia. No es un acto de cobardía, de valentía o de fe, es un síntoma de un problema de salud que debe ser atendido de manera emergente”, explicó.

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El incremento en las cifras preocupa a los expertos.Teddy Cabrera

Al respecto, en la Asamblea Nacional se tramita el proyecto de Ley del Sistema de Prevención del Suicidio, que plantea generar información sistemática y estudios que permitan profundizar en el tema y hacer seguimiento a las personas que lo intentan, sobre todo a niños y adolescentes.

“En 2019, 108 menores de edad se suicidaron. La cifra aumentó en 2020, producto de factores como la ansiedad, la depresión, el encierro y la violencia intrafamiliar”, dijo Margarita Velasco, directora del Observatorio Social Ecuador ante la Comisión de Salud. Esta agregó que el 21 % de los suicidios concretados son de adolescentes de entre 12 y 19 años.

Con sus afirmaciones concordó la psicóloga especializada en niños y adolescentes y catedrática Ana Carrión.

“Las cifras indican que, además de los accidentes de tránsito, los suicidios son la segunda causa de muerte de niños y adolescentes. Es un problema que debe abordarse de manera urgente porque en la mayoría de los casos responde a situaciones de disfunción familiar, abuso o bullying”, comentó.

La necesidad de generar plataformas de seguimiento, sobre todo en casos que terminaron en hospitalizaciones o intervenciones por medio de socorristas, es crucial porque los casos muchas veces derivan en nuevos intentos de suicidio. “No hay suficiente énfasis (o inversión) en el tratamiento de la salud mental. Cuando no hay una ayuda integral, al menos el 20 % de los afectados volverán a atentar contra su vida”, dijo.

En el caso suscitado en Chillogallo, el seguimiento se hizo solo a nivel local, con la intervención del Patronato San José, que asistió a Diana L. con ayuda psicológica, kits de alimentos y el trámite para legalizar su trabajo vendiendo frutas. A través de donaciones privadas, su alquiler adeudado se pagó.

Foto de Sistema Granas(32949360)

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Pero es la excepción a la regla, como explica Andrés Morla. “Desde que mi hermano murió, mi mamá ha intentado quitarse la vida dos veces. Tratamos de buscarle ayuda por medio del IESS, pero las citas demoran hasta un mes. Por ahora hallamos un grupo de apoyo al duelo que es gratuito. Ahí nos encontramos con otras personas con problemas similares (...) no hay facilidades para quienes están en riesgo se atiendan”, estableció. 

Un protocolo para socorristas está en proceso

‘Clave Roja’. Con ese código se reportan los intentos de suicidio a nivel nacional reportados a socorristas y personal de emergencia desde el ECU-911.

Para ellos, las entidades cuentan con un equipo especializado que integra a psicólogos del Cuerpo de Bomberos, funcionarios del Ministerio de Salud, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y de la Cruz Roja. El protocolo que se aplica es uno emitido en 2009 por la Organización Mundial de la Salud, para policías, bomberos y socorristas. Este cuenta con instrucciones como a no acercarse muy rápido a la escena y tampoco hacer movimientos bruscos.

Sin embargo, tras el inicio de la emergencia sanitaria y el creciente índice de alertas con respecto a estos casos, la Dirección de Policía Comunitaria diseña un protocolo para que el personal sepa qué pasos tomar ante estos casos y pueda aplicarlos.

Así lo explicó en una entrevista Jaime Amores, director de la entidad. “Cuando pasan estos hechos, de inmediato alertamos para entre todas las instituciones aportar en temas preventivos y evitar que sigan aumentando los casos”.

El documento estará listo a mediados de abril. Habrá campañas de prevención.