Un club de hombres para frenar la violencia

  Quito

Un club de hombres para frenar la violencia

Es iniciativa del Centro de Apoyo Integral Tres Manuelas en el que hombres acusados de violencia aprenden sobre el manejo de sus emociones

taller para hombres
Clases. La iniciativa es del Patronato Municipal San José. Es un programa de capacitación para erradicar conductas violentas en los hombresÁngelo Chamba

La sala, en el tercer piso del Centro de Apoyo Integral Tres Manuelas (CAI), en el centro de Quito, está casi vacía. Apenas cinco de los 20 integrantes del Club de hombres por el buen trato han podido llegar. El resto se excusó por el inicio del paro nacional. Quienes acuden llevan pedazos de cartulina en el pecho con sus nombres y un cuadernillo de trabajo que identifica al club, una iniciativa del CAI en la que, a través de talleres, se trabaja sobre una nueva masculinidad con hombres que han sido acusados de violencia por sus parejas, sus compañeros de trabajo o sus familias.

“Más que verlos como agresores, aquí los vemos como hombres que tienen problemas con sus emociones, que no saben cómo manejarlas ni cómo poner límites”, dice Roberto Moncayo, terapeuta familiar, responsable del club desde 2010. “En muchos casos -agrega-, no han habido pruebas suficientes para declararlos culpables de violencia y otros ya han sido declarados inocentes”. Sin embargo, las unidades judiciales y las juntas de protección de los derechos de la mujer, de Quito, los envían acá “por prevención, como un espacio terapéutico”.

Es jueves, 09:30, y ante la pregunta de por qué están aquí los cinco participantes se reacomodan en sus asientos y bromean entre ellos para ver quién responde primero. Prefieren, por cuestiones legales y personales, usar seudónimos. Julio, un chofer de 56 años, se anima a hablar: “Estoy aquí porque mi señora me dijo que la maltrataba, cosa que no fue. La abogada me dijo que mejor me acoja al silencio, porque no me iban a creer. Eso hice y me sentenciaron, me dieron 50 horas de trabajo comunitario y me mandaron acá al club”.

Le sigue Raúl, de 48 años, dueño de una lavandería: “Mi esposa decía que trabajaba mucho y tenía desconfianza de mí. Un día discutimos, nos levantamos la voz, y ella me dijo que no me iba dejar en paz. El día menos pensado me puso una demanda porque dijo que le había pegado y me mandó de la casa. Pero no le pegué. Nunca le he pegado”.

El terapeuta indica, sin embargo, que en este año han aumentado los pedidos de las unidades judiciales y las juntas de protección para las capacitaciones a hombres acusados de violencia: entre ambas suman 125, un 20 % más que el año pasado. Los datos del ECU 911 también muestran que las llamadas por violencia intrafamiliar aumentaron en un 14 %: en 2021 se recibieron 117.411 alertas frente a 102.799 en 2020.

“La violencia -dice Moncayo- es multicausal. Muchos hombres aprenden los comportamientos violentos de sus padres, de cómo ellos resolvían los conflictos con sus parejas. Pero la pandemia y la situación económica del país, definitivamente, también han exacerbado los ánimos”.

El taller dura cinco meses. Son 20 sesiones en total, de dos horas y media cada una. Se suele hacer una por semana, pero depende de la disponibilidad de los participantes: hay grupos que terminan en dos meses y medio, porque tienen una sesión en la mañana y otra en la noche. Moncayo acuerda los horarios con cada grupo.

Las sesiones suelen empezar con ejercicios bioenergéticos: estiramientos, técnicas de respiración, pero esta vez, por tiempo, Moncayo pasa a preguntarles cómo les ha ido en la semana y si han hecho las tareas del cuadernillo. Los cincos hombres ríen como adolescentes inquietos bajo sus mascarillas. Sus risas brotan aún más cuando Moncayo, con voz serena, hace la pregunta que da paso al tema del día: ¿cómo fue su primera relación sexual?

Julio, de nuevo, habla primero. “Fue una experiencia muy bonita, con la que hoy es mi esposa. Me gustó mucho lo que hicimos, y al final le pregunté si a ella también le había gustado”. Explotan más risas, hacen comentarios en voz baja: surge una complicidad grupal. Moncayo también ríe apenas y aprovecha para repasar los conceptos de sexo y género, sus diferencias, y los roles que la sociedad asigna a hombres y mujeres.

terapia hombres
Materiales. Los asistentes usan pedazos de cartulina para escribir y reflejar parte de sus emociones durante la terapia aplicada al grupo.Ángelo Chamba

“Nos han hecho pensar -dice- que el más macho es el que se acuesta con más mujeres y que solo importa nuestro placer. Pero el placer de la mujer también es importante. Llegar ambos, juntos, al clímax”.

Santiago, quien prefirió no contestar el motivo por el cual está aquí, esta vez se abre y cuenta su experiencia. Dice que fue a los 14 años con su primera novia. Él le había dicho que “tenía ganas de hacer el amor”, pero ella estaba recelosa. Un día, sin embargo, se quedaron solos en el cuarto de ella y tuvieron relaciones. Ambos sangraron. Ella se limpió enseguida y él regresó a pie a su casa. Al llegar notó que en su pantaloneta había una mancha de sangre.

Su madre le preguntó qué había pasado y él le dijo que se había ido a un río y que se golpeó con un árbol. La madre, incrédula, dijo que le contaría al padre de Santiago lo que vio. Él le pidió que, por favor, no lo hiciera. Tenía miedo de que lo golpeara. “Mi papá era así: bravísimo”.

Moncayo le agradece por compartir su intimidad y dice que todas las personas, independientemente de su orientación sexual, tienen derecho a una educación sexual integral y a tomar decisiones reproductivas libres y responsables. Algunos de ellos toman apuntes, comentan. “Yo por eso les digo a mis hijos que me pregunten lo que sea, sin vergüenza”, dice Diego, de 40 años, técnico de celulares.

RepeticiónLas terapias evidenciaron que muchos hombres han aprendido los comportamientos violentos de sus padres y de cómo ellos resolvían los conflictos con sus parejas.

La ronda termina con Juan, de 70 años, el mayor del grupo: “Solo le puedo decir que mi primera vez fue muy bonita, eso nada más”. ¿Cómo les hizo sentir hablar de este tema?, pregunta Moncayo. “Bien, porque se habla la verdad”, “Me quitó un peso de encima”, “Fue liberador”. Moncayo se alegra y, antes de despedirse, pregunta a Raúl si cumplió con el compromiso que asumió la semana pasada. Raúl responde sí, “ahora barro la casa en más de diez minutos”.

Moncayo bromea y dice “Cómo habrá sido ese barrido antes”. La tarea para la semana que viene es responder las preguntas del cuadernillo: ¿Qué aprendí sobre mi sexualidad como varón? y ¿A qué me comprometo esta semana? Las primeras respuestas se disuelven en el aire mientras los cinco, relajados, salen del salón como quien sale a recreo.