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Diario Expreso Ecuador

Las derechas avanzan en Sudamérica, pero aún no forman un bloque regional

Expertos analizan las coincidencias de los regímenes. También sus diferencias. El reto de sus exponentes será convertirlas en una agenda regional sostenible

La derecha gana espacio en Sudamérica, pero sus gobiernos mantienen diferencias ideológicas y enfrentan retos económicos, sociales y de seguridad.

La derecha gana espacio en Sudamérica, pero sus gobiernos mantienen diferencias ideológicas y enfrentan retos económicos, sociales y de seguridad.Imagen generada con IA

Flor Layedra
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Lo que debes saber

  • Las derechas gobiernan en varios países de Sudamérica, pero no forman un bloque homogéneo.
  • Comparten algunas posiciones económicas y vínculos internacionales, aunque mantienen diferencias ideológicas.
  • Seguridad, economía y estabilidad democrática serán claves para medir su permanencia en el poder.

América del Sur parece haber cambiado de color. Si hace una década, una corriente de izquierda logró proyectarse como una fuerza política regional, hoy varias derechas ocupan el poder, aunque, según los expertos consultados por EXPRESO, aún no conforman un bloque con una identidad y una agenda común. La pregunta, entonces, ya no es solo si la región atraviesa una nueva marea política, sino si detrás de este giro hay una estrategia capaz de trascender las fronteras nacionales.

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Una derecha con distintos rostros

Cintia Quiliconi, politóloga argentina, experta en relaciones internacionales y docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador, aunque cree que sí existe una tendencia regional hacia gobiernos de corte más conservador, sostiene que sería apresurado hablar de una sola corriente. “Hay varios animales en danza”, dice para explicar que algunos regímenes comparten rasgos, mientras otros son fenómenos nuevos con trayectorias políticas distintas.

La diferencia comienza en el origen de sus liderazgos, pues no todos llegaron al poder desde los mismos espacios ni con las mismas credenciales políticas. Quiliconi identifica como ejemplos de outsiders a Javier Milei y Daniel Noboa, mientras distingue de ellos a figuras como José Antonio Kast y Keiko Fujimori, con una trayectoria política previa; fuera de Sudamérica, menciona también a Nayib Bukele como otro fenómeno político surgido por fuera de los partidos tradicionales.

A criterio de Adrián Bonilla, experto en relaciones internacionales y catedrático de la Flacso, América Latina está “fragmentada”. Para él, las derechas tienen fuertes signos nacionales y, aunque puedan compartir discursos, la chilena no es igual a la colombiana, a la salvadoreña o a la paraguaya.

La frustración y el desespero pueden ser el fruto para una ciudadanía a la que estos gobiernos prometieron soluciones rápidas.Pablo Ospina, antropólogo y docente de la UASB

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El mismo rótulo, distintos proyectos

Regis Dandoy, politólogo belga y director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad San Francisco de Quito, también encuentra distintas familias dentro de la derecha: unas conservadoras, otras liberales y otras centradas en la autoridad y la seguridad. “Ningún presidente es cien por ciento una ideología de derecha”, explica, porque cada gobierno combina esos componentes en diferentes proporciones.

Así, Milei aparece como una expresión especialmente vinculada al libre mercado y a la reducción del Estado, mientras Bukele representa una derecha cuyo eje está en la seguridad y una lectura más autoritaria del Estado. Kast, en cambio, es ubicado por Dandoy en una posición más extrema por sus énfasis en autoridad, seguridad y migración, lo que demuestra que el mismo rótulo contiene proyectos políticos diferentes.

Sin embargo, la etiqueta de derecha tampoco alcanzaría para describir qué representa cada gobierno en el terreno social y político. Arturo Moscoso, director de la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador, diferencia entre el liberalismo económico y el liberalismo político: mientras el primero aparece con fuerza en estos gobiernos, el segundo, indica que, no necesariamente los define.

Pasar de izquierda a derecha no garantiza que los presidentes no cometan los mismos errores; la falta de experiencia pesa.Regis Dandoy, politólogoy catedrático de la USFQ

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Una agenda regional todavía pendiente

Pero si la disparidad es tan evidente, ¿qué explica que estos gobiernos puedan reconocerse entre sí como parte de un mismo momento político? Pablo Ospina, historiador, antropólogo y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador, sostiene que, pese a sus diferencias, al llegar al poder, las derechas forman alianzas porque “los intereses comunes” pesan más que las discrepancias ideológicas.

Ahora bien, que sean distintas no significa que carezcan de puntos de encuentro, manifiesta el docente. Bonilla expone como rasgos comunes una orientación económica de apertura, cercana al neoliberalismo y una proximidad con las propuestas de política exterior dictadas por Estados Unidos.

A pesar de ello, para los expertos, eso no se traduce en una integración regional semejante a la que alcanzaron los gobiernos de izquierda durante la llamada ‘Marea Rosa’. Quiliconi considera que existe una confluencia ideológica, pero todavía no una agenda regional profunda y articulada, por lo que hablar de un nuevo regionalismo de derecha sería, por ahora, prematuro.

La economía introduce otra diferencia decisiva respecto de la ‘Marea Rosa’: las condiciones materiales que acompañaron aquel ciclo político no son las mismas. Moscoso recuerda que el auge de la izquierda coincidió con altos precios de los commodities, mientras que ahora estos gobiernos enfrentan economías complicadas y una mayor posibilidad de que sus políticas terminen generando rechazo electoral.

A la vez, el voto que llevó a estas derechas al poder no puede entenderse únicamente como una adhesión ideológica. Dandoy explica que el comportamiento electoral está marcado por una economía latinoamericana que no logró recuperarse plenamente de la pandemia, por el llamado “voto económico”, por el contexto internacional y también por la alternancia, pues después de largos períodos de un mismo signo político los electores tienden a buscar una alternativa.

El riesgo de cualquier radicalismo es producir escenarios con respuestas sociales igualmente radicales y erosionar entidades.Adrián Bonilla, experto en relaciones internacionales; docente, Flacso

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El desafío de sostener el poder

Pero esa demanda también encierra uno de los mayores riesgos para las nuevas derechas: convertir la promesa de orden en una política permanente de confrontación con las instituciones. Bonilla advierte que el peligro de los radicalismos es “erosionar las instituciones democráticas” y sostiene que el combate al crimen organizado requiere fortalecer las instituciones, no sustituirlas por respuestas autoritarias.

Por eso, la fortaleza electoral que hoy tienen estas derechas puede convertirse también en su principal prueba de resistencia: seguridad y orden pueden producir respaldo inmediato, pero las políticas económicas impopulares pueden desgastarlo. El antropólogo considera que la agenda de seguridad puede ser popular, mientras que la económica enfrenta mayores dificultades para construir coaliciones estables y sostener el apoyo ciudadano.

No obstante, el escenario internacional podría alterar nuevamente el tablero y poner a prueba la dependencia de estas derechas respecto de Washington. Ospina plantea como una posibilidad -todavía especulativa- un giro político que reduzca la influencia de Donald Trump y aumente el peso de sectores de izquierda dentro del Partido Demócrata, mientras Quiliconi advierte que la alianza actual con EE. UU. aún no constituye por sí misma un proyecto regional sólido.

La confluencia ideológica podría desarrollarse en el Cono Sur, pero todavía no existe una agenda regional propuesta y concisa.Cintia Quiliconi, politóloga argentina y docente de la Flacso

Hay un discurso antilibertad de expresión y antiprensa preocupante en algunos de estos gobiernos de derecha.Arturo Moscoso, politólogo y catedrático de la UIDE

Seguridad.

Para el catedrático Adrián Bonilla, la militarización de los países no basta frente al crimen organizado; el combate pasaría por fortalecer a las instituciones y, con ellas, a la democracia.
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