Sobre una caminata por el centro
Del esplendor a la pobreza abyecta: los contrastes del centro de Guayaquil y las razones tras la migración de sus habitantes

Atrás quedó el Guayaquil que miraba a París y Buenos Aires, la ciudad que soñaba con ríos y mares, con capitalidad y porteñidad. Nos hicimos un remedo de Miami.
Recorrer el centro de Guayaquil, cruzando sus calles mientras uno es atravesado por sus olores y sus ruidos, caminar bajo la sombra de sus portales derruidos y descubrir, después de haber pasado mil veces por un lugar, un pequeño local que siempre estuvo allí, es una experiencia semejante a la de millones de habitantes de las otras grandes urbes, sobre todo las portuarias.
Casi todas las ciudades del mundo son sucias. En todo casco central uno puede caminar cinco cuadras y pasar del encumbramiento de la riqueza y del poder en las fachadas decoradas de los edificios palaciegos a la pobreza abyecta de los recovecos donde se arrejuntan toda clase de hambres y olvidos. En prácticamente todas partes la gente reclama por seguridad.
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Encantos y escándalos de toda gran ciudad
Asimismo, en toda gran ciudad se puede encontrar de formas distintas unos mismos encantos y otros escándalos maravillosos: encuentros furtivos con imágenes, palabras y sabores venidos de la patria profunda o del otro lado del mar, el casi revolucionario acortamiento de las distancias entre las clases y las profesiones y la sobrecogedora variedad de productos y servicios ofrecidos en las cuadrículas conformadas por los pisos, techos y paredes de edificios arrimados en cada manzana, extendiéndose en hileras sobre las calles y avenidas que se riegan en todas las direcciones. Esa también es la ciudad, con su belleza obscena, regalada y calcinante.
Guayaquil
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¿En qué pensaron la mayoría de sus habitantes que se fueron de allí, del centro de Guayaquil, deshaciendo su sinfonía disonante, quitándole sus tiernos tonos de barrio y dejándole solo los ruidos estrepitosos de mercado, negándole hasta el espejismo de la riqueza a los pobres, abandonando a su cerro paterno y a su madre ría, cambiándola por sus abuelos, el Daule y el Babahoyo, pero con sus riberas privatizadas?
Querían ser otro tipo de ciudad. Atrás quedó el Guayaquil que miraba a París y Buenos Aires, la ciudad que soñaba con ríos y mares, con capitalidad y porteñidad. Nos hicimos un remedo de Miami, inhospitable para el transeúnte, sostenida por la especulación y el lavado y desmembrada entre distintas jurisdicciones.
Ahora sueñan con la árida Madrid y con Pozuelo de Alarcón.