Opinión

Sociedad, nación territorio y etnias

El Estado-nación en Ecuador comenzó y se estructuró mal. Excluyó a diversos núcleos humanos y minorías étnicas.

Las sociedades son colectivos humanos diversos en permanente relación, reestructuración y mutaciones socioculturales interminables que se despliegan en un tiempo histórico, el cual se cristaliza en el relato de los avatares de ellos, que se crean y reproducen en un mundo material, espiritual de racionalidad, lenguaje y símbolos múltiples. Tribus, señoríos étnicos, etc., son anteriores a las naciones. Esto significa que detrás de toda nación siempre hay un mundo humano, con específicas estructuras socioeconómicas, políticas, ideológicas, simbólicas, culturales, etc., recreadas y tejidas en un proceso histórico inacabado.

Todas tienen una socioespacialidad. Su territorialidad se construye socialmente, se hace espacio vital de naciones con diversos grupos étnicos: pacíficos, unitarios, belicosos y guerreantes. Las etnicidades son formaciones socioculturales y núcleos humanos diversos. Esto es importante reconocerlo hoy más que nunca, para que se comprendan que son las sociedades y naciones las creadoras y recreadoras de los espacios, que en esas geografías sociales pueden converger y coexistir diferentes colectivos y grupos étnicos. Por lo tanto, creer que solo por el hecho de originarse hace cientos de años son los “propietarios únicos y exclusivos” de los territorios, es un error. Solo los Estados nacionales, en territorio, son los únicos que pueden hacer posible la unidad y diversidad de esas sociedades.

El Estado-nación en Ecuador comenzó y se estructuró mal. Excluyó a diversos núcleos humanos y minorías étnicas. Por eso desde hace mucho varios sectores étnicos-culturales reivindican derechos legítimos. Asimismo, esos factores de exclusión (los coloniales), que ya no existen, no pueden ni deben ser atribuidos a “maldades” y acciones “perversas” de la sociedad mestiza poscolonial. Hoy algunos dirigentes y sectores indígenas dogmáticos creen que la historia no cambió y las sociedades no evolucionaron. Por eso persisten en reivindicar “herencias ancestrales y propiedades” sobre el territorio nacional, pretendiendo “mandar” con nuevos caciques. Este es un profundo error histórico de esos dirigentes, que atenta contra el mundo diverso en sus etnicidades, culturas y en un Estado-nación democrático.