Opinión

La agenda del Bicentenario

Si no provocamos cambios profundos y cualitativos de manera colectiva en el modelo de urbanismo vigente en Guayaquil Metropolitano...

La agenda, a construirse socialmente, debe tener como referente dos fechas emblemáticas para la urbe: las conmemoraciones del Bicentenario de Independencia y el Quicentenario de Fundación de Guayaquil Metropolitano, que se deberá iniciar ahora para que se pueda ejecutar en un muy largo plazo, hasta 2035. El territorio urbano guayaquileño definido por sus límites urbanos es la ciudad legal, oficial, pero no es la aglomeración real y dinámica, la de la expansión del tejido urbano, la que configura y define la trama urbana metropolitana existente. En su complejo dinamismo ha ido conformando conurbaciones, consecuencias de la movilidad de la población local hacia territorios de otros cantones circunvecinos, como Samborondón, Daule, Yaguachi, Nobol y Durán. 

Luego de 3 décadas se han constituido en un área metropolitana concreta y problemática, aún no reconocida legalmente, pero operativamente llamada por algunos actores políticos-institucionales el Gran Guayaquil, aunque sin reconocer su real dimensión territorial y demandas. 

Para 2035 la mancha metropolitana habrá incorporado y ocupado a parte del territorio del cantón Milagro; con el nuevo puerto marítimo internacional, a Posorja y parte del cantón Playas. Si las tendencias actuales continúan se registrarán alrededor de 80 a 100 mil ha. de cuadro construido, bajando más las densidades urbanas-metropolitanas y generando más deseconomías al Estado y la sociedad. 

Si no provocamos cambios profundos y cualitativos de manera colectiva en el modelo de urbanismo vigente en Guayaquil Metropolitano se seguirá impulsando un proceso de crecimiento hipertrofiado y costoso con cargo al Estado y a los grupos urbanos más vulnerables, beneficiando predominantemente a propietarios territoriales y promotores inmobiliarios. Aún podemos cambiar nuestra ciudad y su entorno, no a través de mesías ni líderes populistas, sino por el esfuerzo participativo, resiliente, cooperativo y solidario de todos sus ciudadanos. La conmemoración del Bicentenario debe ser el inicio del proceso que nos permita definir y construir la ciudad que todos queremos, sin exclusión.