Opinión

“La muerte y los impuestos”

Los impuesteros se creen Robin Hood, que quita a los ricos y da a los pobres. 

No hay productividad sin producción. Ni competitividad sin competencia. Aduanas, aranceles e impuestos, encarecen materia prima, maquinarias, alimentos, repuestos agrícolas, industriales o domésticos o lo que se le ocurra al Gobierno. Entorpecen la libertad de comercio, industria y producción.

Carta Magna (1215): los impuestos solo para casos excepcionales y previo consentimiento del pueblo (el Congreso), obligado a proteger bienes y vida de sus dueños.

Juan de Mariana (1536-1624/Escuela de Salamanca, 1598): “La propiedad es privada. Impuestos y aduanas son robos. La intervención en asuntos económicos privados sin el consentimiento de sus dueños es tiranía. Propuso el tiranicidio contra los impuestos.” Murió en prisión. Sus libros quemados.

Felipe II, rey de España, con Cédula Real dispuso el pago del 2 % sobre ventas y permutas y generó la Revolución de las Alcabalas (1592-1593). Quito no tenía aduanas ni estancos. El virrey de Bogotá (1765) creó la Aduana. Los quiteños la incendiaron. Al Inglaterra gravar a las colonias con impuestos surgió la independencia de EE. UU. El rechazo a los impuestos causó el descubrimiento de América, la Revolución francesa (1789), la Revolución de México y de toda América.

La independencia del 2 y 10 de Agosto, 9 de Octubre (1820), así como las revoluciones rusa y liberal (Eloy Alfaro) fueron contra los “impuestos”. Los impuestos destruyeron los imperios egipcio, romano, griego y bizantino. El gasto público beneficia a gobernantes, burócratas y políticos. “Nunca toques el bolsillo a tus súbditos. Puedes tocarles el padre o la madre, pero no les toques el bolsillo”. (Maquiavelo 1469-1527). No existen impuestos “voluntarios”. Rigen por la fuerza. Solo “tasas” por servicios específicos y contribuciones especiales. El gobierno se debe dedicar a “gobernar”. Impuestos son contra el trabajo, patrimonio y ahorro. Los impuesteros se creen Robin Hood, que quita a los ricos y da a los pobres. “Nada tan cierto: la muerte y los impuestos” (Benjamín Franklin 1706-1790).