Editoriales

Votar a favor

No habrá respaldo popular garantizado cuando se vota por x para que no gane z’.

Alcanzar la mayor convivencia democrática es un proceso que hay que construir día a día. Dicho avance, más que por el trabajo de los gobernantes, obligados a predicar con el ejemplo, está sustentado en el comportamiento de los ciudadanos en razón de que poseen el poder del voto. Por ello, superando la condición de apenas habitantes con cédula de identidad, se deben hacer múltiples esfuerzos para construir ciudadanía. Bueno sería, por ejemplo, que en cada circunscripción territorial existiesen centros de formación establecidos con ese propósito.

Allí, la población aprendería, entre otros asuntos, a votar positivamente, esto es en función de las cualidades del candidato que lo hacen apto para la función a ejercer. Ahora se vota por determinado aspirante a un cargo de elección popular o porque se lo considera el menos malo o para que no gane otro más deficiente.

Por supuesto, y cabe destacarlo, las posibilidades de los electores están supeditadas a las decisiones que toman los denominados “dueños de los partidos” cuando deciden, generalmente a dedo, quiénes serán los candidatos y ofrecen “notorios” populares, no necesariamente notables, degradando la respetabilidad del quehacer político cuya revalorización es una de las tareas a cumplir por el nuevo gobierno y por todos.